Es tiempo de Navidad: Memoria de las tradiciones y costumbres laguneras (IV). Por Julio Torres Santos

Los famosos «muñecos» de las monjas clarisas, se trata de figuras sueltas, realizadas en madera, papelón, vidrio, textil y serrín encolado, modelado y policromado. s.XVIII.
«Nacimientos» laguneros (I)
Hasta ahora he hablado del «contexto»: el olor a pasteles, las vendedoras pregonando y los villancicos resonando alegres por las calles laguneras; pero falta lo más importante: los «Nacimientos», que es como las laguneras y laguneros prefieren llamar al tradicional belén.
Puesto que La Laguna fue residencia habitual de conquistadores, hacendados, comerciantes… y sede de numerosas iglesias y conventos, es una de las ciudades canarias que cuenta con mayor tradición en la elaboración de belenes.
Dado que fue san Francisco de Asís el iniciador de esta tradición, no es de extrañar que las primeras referencias a Nacimientos en La Laguna correspondan al convento franciscano, que todas y todos conocemos como «el convento del Cristo». Allí, entre los gastos extraordinarios del año 1644 se anotó que «se gastaron trece reales en el Nacimiento».
Como ocurrió en el resto del mundo, en La Lagua la tradición de los Nacimientos comenzó en las iglesias y conventos, para instalarse después en los palacios de la nobleza y alta burguesía, hasta llegar a los más humildes hogares.
El mejor ejemplo lagunero de Nacimiento realizado en los conventos es el de las monjas clarisas, que conservan dos nacimientos y diversas figuras sueltas, realizadas en madera, papelón, vidrio, textil y serrín encolado, modelado y policromado. La mayoría habrían sido elaboradas entre 1590-1630 (moldes de las cabezas) y siglos XVIII-XIX (armazones y vestimentas); otro grupo se correspondería con los siglos XVIII-XIX. Ambos conjuntos se exponen actualmente en el Museo de Arte Sacro Santa Clara de Asís.
