
Sentado en el parachoques Eduardo Ramos -se tratada de un hermano del que no recuerdo el nombre- , chofer, de pie Martín, cobrador.
¿Quién no recuerda “la Cirila”?, ¿Quién no ha oído hablar de ella? Estas fueron las primeras guaguas que existieron en nuestra ciudad y su llegada y uso eran en ocasiones todo un atractivo para los habitantes de la misma.
“La Cirila” dio su primer viaje el 24 de Mayo de 1953, en el que llevó a dar un paseo a los ancianos del Asilo. En su inicio existían cuatro guaguas; dos de ellas realizaban un trayecto de ida y vuelta desde San Benito hasta el Barrionuevo y las otras dos que cubrían los trayectos desde este último punto hasta el Rancho Grande.
En su inauguración se repartieron los primeros billetes gratis, aunque su precio inicial era de tres perras, y su labor de comunicación de diferentes puntos de nuestra ciudad era innegable
En el año 1957 el servicio fue vendido a Transportes de Tenerife S.L. pero no varió en su trayectoria puesto que un transporte urbano ha sido necesario hasta la actualidad, en que dos vehículos cubren este circuito.
Pero por entonces este era el único medio de transporte rápido para cruzar la ciudad y “la Cirila” se convirtió en un elemento propio de las calles laguneras.
“La Cirila” fue conocida durante mucho tiempo como la “guagua de tres puertas” ya que el nombre del cobrador era Antonio Puerta Rojas, a quien sinceramente agradecemos su testimonio y su buena memoria.
Antonio Puerta “Puertita” nos contó que trabajó como cobrador hasta el año 1974, en que pasó a trabajar en el taller para la misma empresa, y que sus recuerdos de estos primeros transportes públicos de la ciudad son claramente agradables, pues la Cirila, sin duda, cubría una necesidad real para la población lagunera.
El Nombre de “la Cirila” lo recibió de don Cirilo Hernández, puesto que en el seno de su familia se gesto esta empresa, también se conocía la segunda guagua como “la Trina” que así se llamaba su mujer, y las dos restante que llegaron de Las Palmas, ya vinieron con los nombres con el que fueron bautizadas y conocidas en la Isleta, y que no fueron otros que “la Pepa” y “la Pepita”.
