El solidario pueblo lagunero y los Reyes Magos

En 1971 el por entonces joven periodista, Andrés Chaves, escribía en el vespertino La Tarde un articulo que da constancia de la solidaridad del pueblo lagunero
La “Peña Juguete”, del Orfeón La Paz, hace sonreír, cada año, a mil quinientos niños
Compran los regalos vendiendo lotería entre ochenta abonados.
Son seis corazones muy grandes, agrupados en una Peña. Son hombres que venden lotería, durante todo el año, y que reciben como compensación mil quinientas sonrisas. Son personas que no quieren dar sus nombres, porque lo único que a ellos les preocupa es la satisfacción de estar realizando una buena obra.
Cuando Sala [autor de las fotografías que acompañan al artículo] y el que esto les cuenta llegamos ayer tarde a La Laguna, íbamos con una misión concreta: una entrevista a los miembros de la “Peña Juguete”, del Orfeón La Paz. Nos quedamos con las ganas. “Nada de nombres –nos dijeron-; si quieren datos, los que necesiten”. Nos tuvimos que conformar y he aquí el resumen de una labor que es necesario que la gente conozca.
Cada día 6 de enero, desde hace unos diez años, mil quinientos niños pobres, de todas las partes de la isla, reciben sus juguetes en el Orfeón La Paz. ¿Cómo se logra este “milagro”? Los seis miembros de la citada peña distribuyen lotería, durante doce meses, ente ochenta abonados. Las ochenta y cinco mil pesetas que esta operación aporta de beneficio, son empleadas, íntegramente, en compra de los regalos y los paquetes de caramelos.
Uno de los miembros de la peña, nos amplia detalles:
“Se ha dado el caso de vestir a un niño de pies a cabeza. Al preguntarle dónde vivía, el chiquillo nos respondió: “en Santa Úrsula”. Había venido desde allí a recoger su juguete”.
La misión de estos entusiastas “Reyes Magos” no acaba ahí. Cada vez que se enteran que hay un pequeño enfermo, allí están ellos para llevarle su paquete. Cuando un socio del Orfeón lo necesita, tampoco le falta nunca ninguna aportación económica.
El reparto lo hacen lo más equitativamente posible. Casi se ha llegado a un juguete único para niños y otro para las niñas. Pero, a parte de esto, el niño más pobre de todos es el que se lleva el mejor. Y esto es bonito.
-¿No se ha dado el caso de que falten regalos?
–“No, siempre sobran. Los guardamos para el próximo año”
Tres barbudos Reyes, sentados en el patio central del Orfeón, van entregando, uno a uno, cientos de juguetes a una larga cola de niños, algunos de ellos con pantalones rotos, que miran con unos ojos muy grandes a los improvisados “Magos”. Desde las nueve de la mañana del día seis, mil quinientas voces infantiles podrán exteriorizar su alegría, igual a la de otros miles de pequeños de su edad, repartidos por tantos y tantos pueblos y ciudades.
-“Me acuerdo de un niño –nos han contado- que al regalarle una ropa completa y ponérselas nos dijo estas palabras: “Cuando llegue a mi casa no van a saber quién soy”.
En una de las habitaciones de la planta baja del Orfeón, están expuestos los regalos. Mucha gente arroja dinero por la ventana para contribuir a esta extraordinaria obra.
“Muchas casas comerciales ofrecen su colaboración. Unas, con aportaciones y las otras, con facilidades. También algunas entidades. Pero queremos agradecer, sobre todo, la constancia de esos ochenta abonados a los sorteos de la lotería, que son quienes realmente sostienen todo esto.
Son seis enormes corazones que luchan todo el año para llevar adelante, cada vez con más entusiasmo, una buena obra. Son seis hombres que reciben como pago mil quinientas sonrisas. Para ellos es suficiente.
