El obispo emerito de San Cristóbal de La Laguna Monseñor Iguacén cumplió ayer 102 años

Monseñor Iguacén, obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, cumplió ayer 102 años, lo que le convierte en el obispo más mayor de España. Fue telegrafista durante la guerra civil, ha sido consiliario de Acción Católica durante casi 20 años y aun siendo centenario, confiesa a todo el que se lo pide.
Monseñor Damián Iguacén Borau es el obispo más mayor de España. Así lo revela el Nomenclátor de la Iglesia Católica que recientemente ha publicado la Conferencia Episcopal Española en versión digital.
El prelado, obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, tiene 102
años. Nació en Fuencalderas, Zaragoza, el 12 de febrero de 1916. Y a lo largo de su más de un siglo de vida le ha pasado casi de todo. La guerra civil le pilló en el Seminario de Huesca. Entonces Damián Iguacén tenía poco más de 19 años y tuvo que trabajar en el frente del conflicto –donde fue herido– como telegrafista. Al acabar el enfrentamiento armado, el seminarista pudo volver a Huesca y se ordenó sacerdote el 7 de junio de 1941.
Desde entonces, ha ejercido de consiliario de Jóvenes y Mujeres de Acción Católica entre 1950-1969, de administrador apostólico en la diócesis de Huesca y de obispo en Barbastro, Teruel y San Cristóbal de La Laguna. En 1991 se jubiló y pasó a ser obispo emérito.
De lo que nunca se ha jubilado monseñor Iguacén es de «confesar a todo el que me lo pide», ni de hacer en todo momento la voluntad de Dios, al que en la oración le dice: «“Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”, ha sido mi conversación de siempre con Dios y lo sigue siendo ahora. “Lo que tú quieras Señor para mí está bien”».
El obispo afronta su última etapa de la vida desde el hogar Padre Saturnino López Novoa, la residencia de mayores que las Hermanitas de los Ancianos Desamparados atienden en Huesca. Y en las postrimerías de su peregrinaje por la tierra, monseñor Damián Iguacén Borau se muestra confiado: «Todo está en las manos del Señor, por eso no me asusta nada. Yo hago lo que tengo que hacer y no me preocupo por nada más, porque lo demás corre de cuenta de Dios».
