
Plaza de la Concepción antigua sede del Orfeón La Paz de La Laguna.
Periodista y poeta nace 4n 1904 en La Laguna (Tenerife). Desde muy joven, se vincula al ambiente literario de su ciudad natal y asiste a la tertulia del poeta Manuel Verdugo*. Reside algún tiempo en Madrid.
Desde 1925 a 1936 ejerce de forma ininterrumpida su labor poética y periodística en los diarios tinerfeños La Prensa, La Tarde y El Día. Fue presidente del Ateneo de La Laguna (Tenerife), del Orfeón La Paz, de la misma ciudad, y miembro del Instituto de Estudios Canarios. Sus primeros poemas se publicaron en el diario La Prensa. Poemas suyos aparecerían luego en la revista Gánigo*. Es autor de los siguientes poemarios: Poema del huso y el telar, El hombre la piedra y el trino, Senderos (1927), Mi vaso pequeño (1930), Alamares (1932), Rincón de provincia (1946), Ecos (1949), Retablo isleño (1951 y 1995), Poemas de la Isla (1959) e Isla (1975). Como narrador: Estrella sobre la tormenta y otros cuentos. Y suyos son también los ensayos Las tabernas literarias de la isla y La vida romántica de Fernanda Siliuto, conferencia de 1959, editada en 2009. El volumen Luis Álvarez Cruz, cien años de un periodista (2004) reúne una muestra de lo más notable de su trabajo periodístico.
Colaboró y fue corresponsal en distintos medios de la Península e Hispanoamérica (ABC, Mundo, España Gráfica en América, Radio Nacional de España, TV…). Ganó más de una treintena de galardones, como el primer Premio de las Cajas de Ahorros de España y la Eglantina de Oro de los Juegos Florales de Barcelona, entre otros.
Esta vieja ciudad
Esta vieja ciudad medita y sueña
tal vez con un anhelo malogrado
que es como un agua gris que se despeña
de la gárgola arcaica del pasado.
Flota en torno un silencio que se adueña
del alma, con fluir decepcionado.
Por esta muda y solitaria aceña
el tiempo se desliza fatigado.
Cae lenta la lluvia verleniana,
suena lejos la voz de una campana
en las tardes de invierno neblinosas.
Y la lluvia, al caer, mezcla su acento
al broncíneo son, mientras el viento
bate también sus alas silenciosas.