DON CARLOS ALONSO RODRÍGUEZ “El Piloto”. Por Francisco Tray Bousoño

IN MEMÓRIAM
Miembro que lo fue del Negro Menester, y dotado de una especial sensibilidad que todo lo transformaba en ritmo y musicalidad, fue avispado latinista, relator nato y autor del Libro Sexto de la Tuna, joya incunable que todavía pende por ver la luz su edición príncipe dado que aún permanece en la inedición.
Compañero vivaz, melómano consumado, ante quien la música, rindió, como seducida, sus más recónditos secretos. Compositor fecundo de sus ayeres ignotos, escondido en la timidez de su sonrisa, pero en vías de su personal big-bang. Urdidor de entrañables lances nocturnos e inmarcesible continuador de una tradición secular, hecha vida en su luengo trasnochar, por las rúas de distintos pagos. Igualmente, corchete de estultas novatadas.
Consumado asceta del estudio en su escondrijo de Geneto, que en ocasiones y como al descuido, sazonaba con los deliquios etílicos de La Estudiantina. Aureolado bolonio rojinegro, que supo auparse, primus inter pares, con su reconocido y acrisolado talante personal. Empecinado mojarrilla, que fiel a los Convivium heredados plantó en lo más alto el lábaro de la Tuna de Derecho.
Desde mi penoso otero silencioso y dolorido, vaya mi reconocimiento sincero y admirado a la prolífera labor del nocherniego iurisconsulto que nos ha dejado como ya lo hicieran, años antes Eusebio («el Yeyo»), Tono («el Spray»), Juan Antonio («el Boca»); Marino (no tuvo alias), Miguel («el Fosforito»), Ernesto («el Neto») y Javier («el Cabra»).
Te recordaré siempre “Piloto”, queridísimo amigo y compañero de inolvidables vivencias, en invierno y en verano, cerca y lejos, mientras viva y después, cuando nos veamos en el cielo te daré el abrazo de reencuentro. Gracias por haber nacido y honrarme siempre con tu gracejo, con tu anglosajón sentido del humor y con tu profunda amistad. Que Dios te acoja en su seno.
