CINCO SIGLOS SIN FERNANDO II DE ARAGÓN. Cómo un solo hombre forjó una nación (III)
Pedro Galán García
Teniente general

Moneda de oro con la efigie de los Reyes Católicos. Su reinado significó el retorno al control del Estado de
todos los resortes del poder
FERNANDO, LA PERSONA, EL REY
«Fernando fue el más perspicaz y penetrante de los hombres. Espejo, sin duda, por sus grandes virtudes en que todos los príncipes de España deben mirarse» Juan de Mariana
«Bienaventurada España /que tienes por tu señor / al rey mayor y mejor» Luis de Soto
Fernando nace con derechos sucesorios so-bre todos los reinos de España. La historia de su persona es la historia de las luchas dinásticas que protagonizó que es, a su vez, la historia de la creación de la España moderna.
La educación que recibió en su infancia, en plena crisis en el reino, no fue muy esmerada, pera esa misma situación le llevó posteriormen-te a recibir una profunda formación en la artes de la guerra y una magnífica formación como soldado, lo que unido a su afición por los libros de historia, a sus dotes naturales y a la tradición aragonesa de rodear a los príncipes de personas de reconocido prestigio, le situó en las mejo-res condiciones para madurar una personalidad abierta, preparada y emprendedora. A decir de Lucio Marineo Sículo: «mas ayudándole las gran-des fuerzas de su ingenio y la conversación que tuvo de hombres sabios, así salió prudente y sabio, como si fuera enseñado de muy doctos maestros». En efecto, como rey de Aragón dispo-nía de cuatrocientos consejeros, lo que le garan-tizaba asesoramiento bastante para enfrentarse a cualquier situación por compleja que fuera.
En el gobierno interior del reino puso clara-mente de manifiesto su capacidad, no sólo de estadista sino también de líder preocupado por el bienestar de aquellos sobre los que reinó, que le correspondieron siempre con su respeto y amor, salvo algunos nobles rebeldes, claro. Los catalanes, que habían andado a la greña con su padre durante años, lo recibieron como el mo-narca deseado que pondría fin a tal situación. Así
comenzó a forjar una nación donde antes sólo había reinos dispersos y enfrentados. A la par alcanzó niveles de excelencia nunca vistos en la concepción y desarrollo de la política europea y, merced a sus éxitos en política internacional, dio luz al mayor imperio jamás conocido.
Tres fueron las líneas de acción que conduje-ron directamente a tales éxitos: lograr la colabo-ración de todos los reinos españoles, cuyo origen puede establecerse en la guerra de Granada; establecer una minuciosa política de alianzas matrimoniales para lograr los objetivos políticos marcados; y crear el servicio exterior siendo el pionero en el establecimiento de representacio-nes diplomáticas permanentes
Al morir hace tan sólo quinientos años, Fernando que había sido la primera corona que reinó sin discusión entre las Islas Canarias y los Pirineos, dejó bien sentadas las bases de la futura grandeza de España al haber trazado claramente las líneas de nuestra política internacional, tras haber logrado contener los intereses franceses, asegurado la frontera norte con la anexión prime-ro del Rosellón y luego de Navarra, puesto freno al ansia expansionista islámica, dominando el mediterráneo occidental, y haber convertido a España en el árbitro de Europa.
Un contemporáneo, al parecer nada favorable a España, nos presenta un testimonio de este pri-mer rey español en su obra El Príncipe publicada en 1513, esto es tres años antes de su muerte. Dice el italiano Nicolás Maquiavelo: «ninguna cosa le granjea más estimación a un príncipe que las grandes empresas y las acciones raras y maravillosas. De ello nos presenta nuestra era un admirable ejemplo en Fernando de Aragón, actualmente rey de España. Podemos mirarlo casi como a un príncipe nuevo, porque de rey débil que era, llegó a ser, por su fama y gloria, el primer rey de la cristiandad. Pues bien, si consideramos sus acciones, las hallaremos todas sumamente grandes, y aun algunas nos parecerán extraordinarias».
Se dice que el rey Felipe II, deteniéndose en cierta ocasión delante de un retrato del rey Fernando, habría exclamado: ¡Se lo debemos todo a él!
VERDADERO SIGNIFICADO DE LA GUERRA DE GRANADA
«La eminencia de este gran político estuvo en hacer siempre la guerra con pólvora sorda» Gracián
«El rey Fernando es sin duda el más grande político que ha producido España» Marqués de Lozoya
Es en la guerra de Granada cuando por pri-mera vez se alcanza la idea y se obtiene la moti-vación adecuada para instar a todos los pueblos españoles a luchar juntos, a cooperar por un objetivo común, en vez de combatirse unos a otros, alcanzándose el hito histórico de la unión de todas las fuerzas peninsulares.
Este naciente espíritu de cooperación unido a la facilidad y confianza que proporcionaba el uso de una lengua común sentó las bases sobre la que se llevarían a cabo grandes empresas mi-litares y de todo tipo. Pedro Mártir de Anglería expresa muy claramente la situación: «¿y quién podría haber imaginado que los gallegos, los or-gullosos asturianos y los rudos habitantes de los Pirineos querrían mezclarse tranquilamente con los toledanos, las gentes de La Mancha, los an-daluces, y vivir en armonía y obediencia, como miembros de una sola familia, hablando la mis-ma lengua y sujetos a una disciplina común?».
Al luchar codo con codo en Granada y conti-nuar haciéndolo en Italia a continuación y pos-teriormente en América, los extranjeros, antes que nosotros mismos, comenzaron a percibir una identidad común entre los españoles. El resultado es que aquí alcanzaron por primera vez los es-pañoles de toda clase y condición el orgullo de pertenecer a una nación.
Pero no acaba aquí el interés de la guerra de Granada, sino que nos presenta otra aportación, esta vez extranjera, muy importante: la artillería. Importada de Italia principalmente, y manejada por expertos artilleros, fue considerada por los reyes la herramienta más efectiva para atacar al enemigo dada su capacidad para reducir las fortificaciones. Bajo las órdenes de Fernando se prepararon en todos los campamentos cristianos las instalaciones necesarias para dar servicio a esta nueva forma de la acción, levantándose forjas y cuantos materiales resultaban necesarios para la construcción de balas, fabricación de pólvoras y mantenimiento de los cañones, prin-cipalmente lombardas, piezas de cuyo nombre es fácil deducir la procedencia.
Por si esto fuera poco es necesario añadir que la forma de combatir de los mercenarios suizos en esta guerra dio a Fernando la idea de reformar su infantería. En esa línea dictó decretos en 1495 y 1496 para llegar posteriormente al uso combina-do de la pica y los mosquetes y la organización de las unidades en tercios, unidades cuya orga-nización y táctica fueron perfilándose a lo largo de los años siguientes, especialmente en Italia, alcanzando tanta gloria para España y que que-daron formalmente definidos en 1536 en Milán.
Nadie mejor que el propio Fernando, en las palabras que Manuel Ayllón pone en su boca, para expresar el significado de esta campaña: quizá el mejor ejemplo que dejo de ese empeño mío en fortalecer el Estado haya sido la guerra de Granada, donde por primera vez conseguí aunar a toda la nobleza castellana en un proyecto común. Porque con aquella campaña yo no pre-tendía expulsar a los moros de España, ni siquiera engrandecerme con sus tierras, sino forjar una empresa militar y política que fuera capaz de unir a las distintas Españas y las llevara a conocerse y entenderse mejor. La conquista de Granada fue un ensayo general de cómo veía yo la convivencia en mis reinos, porque en el fondo yo no tenía a los moros como enemigos, sino como nuevos súb-ditos que aportarían prosperidad y grandeza al Estado. Ocupar Granada era la excusa con la que yo pretendía unir las Españas haciendo que todos los reinos se concernieran por la misma empresa.
