Carta abierta a Luis Yeray Gutiérrez, alcalde de La Laguna, por Elvira Pérez Melián

¡Estamos hartas! ¡Ya no aguantamos más! Por eso las laguneras progresistas y católicas solicitamos al periódico que usted dirige publique nuestras reflexiones y solicitudes al alcalde de La Laguna, como medio para hacérselas llegar.
El 8 de marzo de 2022, con motivo del Día Internacional de las Mujeres, el PSOE publicó un Manifiesto en el que, ya en su primer párrafo, podíamos leer que:
“La igualdad es una cuestión de calidad de la democracia y también garantía de que el bienestar se produzca para todas las personas y no acosta de la mitad de la población. Las mujeres no somos un colectivo, somos la mitad de la humanidad, y por tanto, la desigualdad y opresión que sufrimos por ser mujeres golpea directamente al corazón de nuestras democracias, ya que impide el desarrollo pleno de nuestra condición de ciudadanía”.
Sin embargo, Luis Yeray Gutiérrez ha considerado conveniente colaborar con la Junta de Gobierno de la Esclavitud del Stmo. Cristo de La Laguna. De esta manera le importa un pimiento que el Esclavo Mayor sea un misógino y machista redomado que se ha negado reiteradamente a admitir a las mujeres en la Esclavitud. Corríjanme, pero no conozco ninguna hermandad y cofradía en España que no admita a las mujeres en su seno. Para Francisco José Doblas González de Aledo las mujeres no somos dignas de acompañar al Stmo. Cristo de La Laguna, si no es como devotas de segunda, abriendo la procesión, con velas envueltas en papel de aluminio y, por supuesto, totalmente al margen de la “hermandad religiosa encargada de la imagen del Santísimo Cristo de La Laguna, que es la advocación de Cristo más venerada de Canarias, y una de las imágenes más antiguas del archipiélago”. Así lo hacían nuestras bisabuelas y así tendríamos que hacerlo nosotras, aunque estemos en pleno siglo XXI. Me pregunto si este sujeto se ha planteado qué pasará cuando reine Leonor: ¿borrará el título de “Real” de la nomenclatura de la Esclavitud o sí tendrá las agallas de darle la medalla de la Esclavitud cuando visite el santuario, tal y como se la han dado a su padre y a su abuelo?
Se equivoca nuestro alcalde si piensa que eso son cosas del Esclavo Mayor que no tienen que ver con él: al colaborar y consensuar con este sujeto las Fiestas del Cristo (que son de todas y todos, y no solo incluyen actos religiosos) está alineándose con un bando, el equivocado. Retomando el fragmento ya citado del Manifiesto del 8 de marzo de 2022, Luis Yeray Gutiérrez está dando su beneplácito a esta actitud machista y misógina, que impide a las mujeres “el desarrollo pleno de nuestra condición de ciudadanía”, golpeando así “el corazón de nuestra democracia”.
Es más, nuestro alcalde, el de todas y todos, es el primero de la historia (incluida la dictadura franquista) que ha presentado el programa de actos de las Fiestas en honor al Stmo. Cristo de La Laguna ¡en el Santuario del Cristo!, donde las mujeres no son bienvenidas. Esto fue otra afrenta a las laguneras, a las que, con este acto, rebajó a la altura del betún. Y hay más, el acto, el de la presentación del programa de las fiestas de todas y todos, lo presidió el Esclavo Mayor, no el alcalde, como primera autoridad civil: al dejarse denigrar, nuestro representante electo en las urnas democráticas nos denigró a todos y todas las laguneras.
Mientras el PSOE puede alardear de que en 2018 el Gobierno de Pedro Sánchez se convirtió en el Ejecutivo con mayor porcentaje de mujeres de la historia de la OCDE, de que recuperó el Ministerio de Igualdad, de que equiparó los permisos de maternidad y paternidad, de impulsar el “VioGén” o la Ley orgánica de Garantía integral de la Libertad Sexual, Luis Yeary Gutiérrez puede presumir de colaborar y consensuar el programa de las Fiestas Mayores de la Ciudad con una hermandad machista y misógina.
Por todo ello, las laguneras socialistas y católicas rogamos a Luis Yeray Gutiérrez, al que votamos como nuestro representante en el Consistorio lagunero, que recapacite, defienda nuestros derechos y nos devuelva nuestra dignidad.
