Ayer se abrió el Año Santo de Caravaca de la Cruz

Más de dos millones de personas se espera que viajen en peregrinación a la Región para ganar el jubileo de la Vera Cruz
El cardenal Agostino Vallini, vicario general del Papa para la Diócesis de Roma, presidió ayer la ceremonia religiosa con la que se abrió el Año Santo de Caravaca de la Cruz que, bajo el lema «Descubre tu Camino», se convertirá en el gran acontecimiento turístico y cultural de la Región murciana durante todo este año 2017. A partir de ahora comenzarán las peregrinaciones de los más de dos millones de visitantes que está previsto viajen a la Región para ganar el jubileo, superando la cifra de años anteriores.
Historia de Caravaca de la Cruz
En sus inmediaciones se encuentra la importante Cueva Negra, donde se han hallado los vestigios de fuego del Paleolítico, más antiguos de Europa. En el cerro de la población y sus inmediaciones los íberos erigieron cinco poblados, hoy conocidos como Cabezos de San Jorge, El Cabecico, San Sebastián, La Cruz y El Carmen.
Sin grandes noticias del periodo romano y visigodo, se sabe que fue una de las poblaciones bajo el gobierno del conde Teodomiro que en el año 713 se entrega sin lucha a los moros a cambio de mantener el gobierno, usos y costumbres, así como la propiedad de las tierras. Esta situación finalizó en el 785, cuando el califato cordobés derogó unilateralmente el pacto de Tudmir y pasó a gobernar directamente el territorio lo que aceleró la islamización del lugar. Posteriormente la población pasaría por las manos de almorávides, almohades y diversos reyes taifas; el último de estos fue el célebre Ibn Hud, cuyo alcaide era Zeit-Abu-Zeit.
Se cuenta que entre los prisioneros cristianos llegados en 1231 a Caravaca había un sacerdote a quien el caudillo moro ordenó celebrar una misa habiendo solicitado que le procuraran todo lo necesario. Comenzada la ceremonia, el sacerdote se vio obligado a interrumpir ya que no había crucifijo en el altar. En ese momento, por la ventana del salón, aparecieron dos ángeles portando una cruz que depositaron en el altar a fin de que el sacerdote pudiera continuar la misa. Ante aquella milagrosa aparición, cuenta la tradición, el sayid y los suyos se convirtieron al cristianismo.
Hasta trece años después no se firma el Tratado de Alcaraz por el que el territorio murciano es anexionado por Castilla. Como ocurrió en el resto de poblaciones de la zona, en 1264 se produce la insurrección de la población mora a causa del incumplimiento de las garantías de autonomía del Pacto de Alcaraz. Esto provocó el despoblamiento de la vecina Cehegín que se convirtió en una aldea de Caravaca. Se encomendó la defensa de esa fortaleza fronteriza a la Orden del Temple, que fue reemplazada por los Caballeros de Santiago a partir de 1312, cuando aquellos fueron disueltos. Se forma así una gran encomienda, gobernada desde Caravaca, que incluyó a plazas fuertes tan alejadas como Yeste o Ricote. Para 1344 Cehegín ya se había recuperado lo suficiente como para tornarse municipio independiente (aunque gobernado por los caballeros).
En 1488, durante la Guerra de Granada, el rey Fernando el Católico visitó el castillo para adorar la Santa Cruz y llevó como regalo una lámpara de plata que aún se conserva. Tras la derrota de los musulmanes de Granada, la población se establece fuera de las murallas, sobre los lugares donde antaño estuvieron los poblados íberos. También se incrementa espectacularmente la roturación de tierras, aumentando la población hasta unos 7.000 habitantes, por lo que era la tercera ciudad de Murcia a finales del siglo XVI.
La reliquia de la Santa Cruz atrajo a numerosas órdenes religiosas que fundan establecimientos en la villa, entre ellas las carmelitas, establecidas por Teresa de Jesús, y los jesuitas los cuales tendrían un importante papel en la difusión internacional del culto a la reliquia, consiguiendo que acudieran peregrinos de toda Europa.
Que ver en Caravaca de la Cruz
En 1617 comienza a erigirse el Santuario dentro del castillo donde ocurrieron los hechos. En los siglos posteriores las órdenes religiosas promovieron la construcción de bellos edificios, así como de las imágenes y toda clase de extraordinarios objetos litúrgicos.
Durante la Guerra de la Independencia las tropas francesas de Soult perpetraron el mayor saqueo de la historia de Caravaca de la Cruz, quemaron después el pueblo. La enérgica reconstrucción por parte de sus habitantes fue recompensada con el título de ciudad, concedido en 1849.
La época de prosperidad permitiría que en 1884 contase ya con agua corriente en los domicilios, y con luz y telégrafo tres años después.
En 1934 se produjo el robo de la astilla de madera, el Lignum Crucis, de la Cruz de Caravaca. Durante la Guerra de 1936 buena parte del patrimonio religioso fue expoliado. En 1945 el Papa Pio XII envió otro fragmento de la cruz para sustituir al robado. Entre los días 1 y 5 de mayo se celebran grandes fiestas por ese motivo.
En 1998 el Papa Juan Pablo II concedió a Caravaca de la Cruz el Año Santo Jubilar Perpetuo junto con otros cuatro lugares en el mundo (Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela, y el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria ). El acto fue oficiado por el entonces cardenal Ratzinger (posteriormente nombrado Papa Benedicto XVI). Por ello, cada siete años, y a perpetuidad, Caravaca tiene el derecho de celebrar el Jubileo.
