Así fue la ordenación de Mons. Eloy Alberto Santiago como obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna

Julio Torres Santos.-Durante los días anteriores, la primavera había mostrado su característica inestabilidad en La Laguna, con algunos días lluviosos y otros aún más. Pero el 1 de mayo de 2025 se presentó sorprendentemente sin lluvia y con una temperatura agradable, aunque con el cielo cubierto.

Desde primeras horas de la mañana, las diversas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado habían desplegado un potente dispositivo, de manera que a la S.I. Catedral únicamente se podía acceder con una invitación previa. La Muy Noble, Leal, Fiel, de Ilustre Historia, Universitaria, Episcopal y Bien Cultural Patrimonio Mundial de la Humanidad Ciudad de San Cristóbal de La Laguna se disponía a vivir otro día histórico. Casi podía palparse la excitación y expectación no solo entre los laguneros y laguneras, también entre los visitantes llegados de numerosos lugares de la Isla. Ya llenaban las calles adyacentes,  San Agustín, Bencomo y Deán Palahí, donde se habían dispuesto sillas y grandes pantallas de televisión, que también estaban en el atrio de la Catedral y en la iglesia del Hospital de Dolores.

Paseando entre los asistentes, conversé con un numeroso grupo procedente de Icod, así como con otro procedente de la villa mariana de Candelaria, que acababan de llegar con un dominico el frente.

Pasadas las 10 de la mañana, casi interminables filas de sacerdotes y obispos (fueron 2 nuncios, 14 obispos y 265 sacerdotes, tanto diocesanos como venidos de fuera de la provincia), vistiendo túnicas y estolas de un blanco impoluto, se formaron en la calle San Agustín, traspasando la famosa reja que protege la espléndida y singular fachada barroca del antiguo Palacio Salazar, hoy palacio episcopal. Les precedían los acólitos ceroferarios portando la manga cruz y los dos ciriales que la escoltan.

A las 10: 30 a.m. exactamente comenzaron a repicar las campanas de la S. I. Catedral (parroquia de Ntra. Señora de los Remedios) y de la parroquia matriz de Ntra. Sra. de la Concepción, en largos intervalos de tiempo, espaciados solo por un minuto. Con el primer toque, la comitiva comenzó su recorrido por la calle San Agustín hasta la S.I. Catedral. Tras los sacerdotes, los obispos, entre ellos: el obispo emérito de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, Bernardo Álvarez; Francisco Cases Andreu, obispo emérito de la Diócesis de Canaria, los obispos ordenantes: José Mazuelos Pérez y Cristóbal Déniz Hernández, obispo principal y obispo auxiliar de la Diócesis de Canaria, respectivamente; y el nuncio apostólico de Su Santidad en España y en el Principado de Andorra, Bernardito Cleopas Auza, que ejerció como obispo ordenante principal –recordemos que iba a serlo el cardenal Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de la basílica romana de Santa María la Mayor, por demás amigo personal del ordenado, que no pudo estar presente debido a la celebración del cónclave para la elección del nuevo papa.

Todo ello era observado por las gentes que esperaban en las aceras de ambos lados y que corearon los himnos que se cantaron durante el corto recorrido: «Cristo ayer y Cristo hoy», «Iglesia peregrina»…

Esperaba una Santa Iglesia Catedral convenientemente ornada para la ocasión. La talla del siglo XV de la patrona de Tenerife, La Laguna y de la Diócesis, Ntra. Sra. de los Remedios, revestida con antiquísimos ropajes de seda, presidía el rico retablo barroco de Mazuelos –el de mayores dimensiones del archipiélago canario–; nunca antes el dorado de Jerónimo Príncipe Navarrete se había asemejado tanto al oro. Presidiendo el altar mayor, la talla del siglo XVI del Cristo de los Remedios. Los ornamentos de plata lucían límpidos y brillantes en el altar mayor, la credencia, los frontales, los candelabros, el atril… El bronce de las lámparas de arañas brillaba, iluminado por los cuatro niveles de luces. Doseles de seda carmesí colgaban de las columnas. Exuberante era el exorno floral: compuesto fundamentalmente por lirios «estrella», gerberas amarillas, y calas y claveles blancos, se repartía por todo el recinto sagrado en diversos modos, formas y combinaciones. Las vidrieras de colores del cimborrio y la girola imprimían múltiples tonalidades al ambiente.

En el interior del primer templo de la Diócesis aguardaban las autoridades religiosas, civiles, militares, académicas y judiciales. Junto al presidente de Canarias, Fernando Clavijo, pudimos ver al alcalde de San Cristóbal de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez Pérez, al  vicepresidente del Cabildo, Lope Domingo Afonso, al teniente general del mando de Canarias, Julio Salom Herrera, a más de consejeros y consejeras del Gobierno Autónomo y el Cabildo, concejales y concejalas del ayuntamiento lagunero, alcaldes y alcaldesas del resto de la Diócesis, y un larguísimo etcétera.

También había una representación ecuménica, concretamente de la comunión anglicana, inglesa, finlandesa, luterana, de la alta iglesia anglicana y de la iglesia ortodoxa siria.

Amenizaba la espera la música de Antonio Vivaldi, concretamente un fragmento del «Concierto en Do Mayor para dos trompetas y órgano». Y es que a lo largo de la ceremonia intervinieron los coros masculino y femenino del Orfeón La Paz, así como el coro «Epifanía», de la parroquia matriz de Ntra. Sra. de la Concepción, dirigido por Juan Felipe Rodríguez Hernández. Los acompañaron Aitor Acosta Llanos y José Nareme Rodríguez, trompetistas asiduos de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, así como el organista Juan Luis Bordón González.

Ante la puerta principal de la S.I. Catedral, el deán y párroco de Santo Domingo, Juan Pedro Rivero, recibió a la comitiva y al obispo electo –24 de febrero de 2025–, ofreciéndole el hisopo. Mons. Eloy Santiago se asperje a sí mismo y a los presentes. Seguidamente, el deán de la Catedral los acompañó a sus respectivos lugares. Entonces, cada sacerdote y obispo saludó al altar con un beso, a los acordes del órgano.

Tras la bienvenida del administrador diocesano y párroco de la iglesia de los Remedios, Antonio Manuel Pérez Morales, dio comienzo la celebración de la misa cantada.

Tras la lectura del Evangelio, comenzó la ordenación episcopal, invocando al Espíritu Santo con el himno «Veni Creator»; después se produjo la «Presentación del elegido» por parte del administrador diocesano. A continuación, el canciller de la Diócesis leyó el decreto del papa Francisco mediante el que designaba a Eloy Alberto Santiago Santiago como obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna.

El nuncio apostólico de Su Santidad en España y en el Principado de Andorra, Bernardito Cleopas Auza, agradeció su servicio ministerial y glosó la biografía episcopal del obispo emérito, Bernardo Álvarez, al que vimos llorar.

Finalizada la lectura de la homilía por parte del nuncio de Su Santidad, este bendijo al ya XIII obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, le recordó las obligaciones de su cargo y le animó a cumplirlas con esperanza. Comenzó entonces la ordenación episcopal y el momento más importante: la «promesa del elegido». En ella, el obispo ordenante principal, Bernardito Cleopas Auza, hizo nueve preguntas al ordenado, centradas en sus compromisos y fidelidad, a las que este respondió siempre «Sí, quiero».

A continuación se produjo la «Súplica litánica», con Mons. Eloy A. Santiago Santiago postrado en el suelo, y reposando su cabeza, con los ojos cerrados, sobre un cojín de terciopelo rojo, mientras Norberto Carlos Hernández Delgado, canónigo de la S.I. Catedral y párroco de la iglesia de Ntra. Sra. de Gracia, suplicaba a todos los santos y santas,  beatos y beatas de la Diócesis  que «el Dios de todo bondad y poder derrame sobre este elegido la abundancia de su gracia». Cantó sus nombres, en número de 49, tras el cual los religiosos presentes y el coro respondían «Ruega por nosotros». Después, el momento fundamental, central: la « imposición de manos» de todos los obispos al nuevo obispo y la «plegaria de ordenación» por parte del obispo ordenante. Mons. Eloy A. Santiago Santiago ya es el XIII obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, por lo que es ungido con el Santo Crisma y se la hace entrega de las insignias episcopales: anillo, mitra –que lucía en las ínfulas, bordado el escudo episcopal– y báculo, todos con símbolos de la Diócesis, y que vienen a significar su desposorio con Dios. En ese momento, todos los asistentes rompieron en un emocionado aplauso; mientras el obispo tomaba posesión de su cátedra, al sentarse en el sillón episcopal.

A continuación, prosiguió la misa, al modo acostumbrado, ocupando la presidencia de la celebración el nuevo obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna.  Comenzó con la «procesión de ofrendas», en la que se presentaron a Mons. Eloy tierras de las cuatro islas que conforman su Diócesis.

Al final, todos los obispos y sacerdotes presentes administraron la comunión a todos los asistentes, no solo a los presentes en el templo, sino también a los que participaron en las calles adyacentes.  El nuevo obispo recorrió entonces todas las naves de la S.I. Catedral  y calles adyacentes para bendecir a todos los fieles; mientras, en la Catedral se cantaba el «Te Deum» (Luis Manuel).

En su alocución final, el obispo, Eloy A. Santiago Santiago, «En este día especial en el que he sido nombrado obispo (…) deseo que el Señor me conceda un corazón sabio e inteligente (…) que me permita anunciar el Evangelio de Jesucristo». Aseguró que «dar a conocer a Jesucristo» será su principal objetivo, tanto entre los no creyentes como entre que no viven una religión madura.

En recuerdo al Papa Francisco, a quién agradeció su nombramiento, rememoró sus palabras al inicio de su pontificado: «La iglesia no evangeliza si no se deja continuamente evangelizar». En ese sentido, defendió un nuevo camino en el que sea «indispensable» la palabra de Dios, «escuchada y celebrada», configurando «cada vez más el corazón de toda actividad eclesial».

También manifestó su deseo de vivir en comunión con toda la Iglesia eucarística, pues siguiendo nuevamente las palabras del papa Francisco, «en la Iglesia hay espacio para todos. En la Iglesia ninguno sobra». Por lo tanto, debemos «hacer una Iglesia más sinodal, participando activamente en la Iglesia cristiana y en la sociedad».

Pidió un corazón sabio e inteligente «para ser bondadoso con los pobres, los indigentes, los vulnerables, los migrantes, los que encuentran dificultades para llegar a fin de mes (…), los que no encuentran una vivienda digna, los que sufren la explotación laboral o sexual (…), los que han sufrido abusos (…) también en el seno de nuestra Iglesia».  En definitiva, «que el Señor  me conceda un corazón sabio e inteligente para cuidar al pueblo de Dios que me ha sido confiado». Finalizó recordando al papa Francisco, «quien le nombró para este ministerio». «A todos ustedes muchísimas gracias de corazón y que el Señor los bendiga ahora y siempre».

Mons. Eloy puso su ministerio en manos de la Virgen, con una «Veneración» de la patrona de la Diócesis, la bienaventurada Virgen María de los Remedios; mientras, se cantó la «Salve».

Finalizó este emocionante e histórico acto de ordenación episcopal con la «bendición final» por parte del nuevo obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. Después de la cual, los ministros y el celebrante se dirigieron procesionalmente a la sacristía de la S.I. Catedral, mientras sonaba «El Mensajero».

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