Así fue el Domingo de Ramos sevillano en el ojo lagunero

El Domingo de Ramos, llega a sevilla la primavera, se estrenó a las dos de la tarde y hasta los leves rayos solares se abrieron paso en ese momento, tan ajenos al cambio de hora oficial, al sevillano modo, que calcularon con los tiempos del día anterior y aparecieron con la luz de la una y no de las dos que ya eran. A las dos de ayer era la una el día antes. Daba igual. Y el público hasta aplaudió la llegada de la nueva estación. Y todo echó a andar como debe. Y sonó Jesús de la Victoria. Y el gozo estalló para todo lo que empezó, que en estas latitudes se calibran de forma particular, única y ajena a indicadores globales. Salió La Paz una hora después de lo previsto. También la Borriquita, Jesús Despojado, la Cena y la Hiniesta, las primeras de la tarde, variaron entre un cuarto de hora y media hora sus estaciones de penitencia, lo que fue haciendo caer minutos de retraso en la carrera oficial hasta acumularse más de media hora cuando la jornada estaba en su apogeo. Pero visto lo visto, y tal y como había amanecido el día, era lo de menos. Hubo en la calle nueve cofradías, dieciocho pasos y más de 12.300 nazarenos. Y gente. Bastante entre las cuatro de la tarde y hasta que cayó la noche, cuando el frío echó a muchos de los que estaban y reprimió a algunos de los que esperaban estar. No hubo masa ni tantas sandalias, ¿pero es eso malo?

La Paz, tras el mal rato de lluvia y después de retrasarse la salida una hora, se abrieron las puertas del templo para que se oyeran las primeras llamadas de Sanguino para confirmar la Victoria sobre el invierno

La Hermandad de La Estrella.- La estación de penitencia de la cofradía trianera estuvo cargada de emociones no sólo por su excepcional andar sino por las levantás y chicotás dedicadas a la Esperanza de Triana, a su mayordomo, Paco de la Rosa —fallecido a mediodía y también hermano de La Estrella—, y a la Virgen de la Victoria por su próxima coronación. El Señor de las Penas, portentoso con lirios morados en su paso, rompió las manos del público de tanto aplauso en San Jacinto y el Altozano en su espectacular salida y puso en pie a la Campana al llegar a los sones de «Réquiem» con el izquierdo por delante. La Virgen, de su lado, completó la primera parte de su estación de penitencia mezclando compases macarenos y trianeros y demostrando una vez más que es la pura esencia del Domingo de Ramos, como cuando sonó su marcha, «Estrella sublime», bajo los pétalos de Rioja a Velázquez. Su recorrido de vuelta, a pesar del frío y la hora, estuvo muy arropado, sobre todo en su memorable saludo en el Baratillo.

El Cristo del Amor.- Con los atrasos acumulados, el Cristo del Amor conmemoró los cuatrocientos años del encargo de su talla a Juan de Mesa con unas calles ya desangeladas. La cruz de guía se puso en la calle a las diez menos cuarto y llegó a la Campana casi a las once y media. Con todo, hasta ese escenario sirvió para que la impresionante imagen del crucificado sobrecogiera a quienes aguantaron, muy especialmente en las estrechas calles de vuelta y en el Salvador a la entrada. Allí, varias horas antes, la Virgen del Socorro volvió a dejar uno de los momentos más bellos de toda la Semana Santa con su elegantísima salida del templo a los sones de «Ione» en una plaza con las luces atenuadas.

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