Anécdotas y peculiaridades del carnaval en Tenerife. Por Carlos García (y III)

Los recordados: Pedro Gómez Cuenca, el Charlot de Tenerife, hablando con otro personaje importante en la historia del Carnaval de Tenerife, Jackie Romero, Bailarín y coreografoso de varias comparsas.
La presencia de personajes populares en las calles de Santa Cruz, que animaban con su presencia, sus disfraces y sus ocurrencias, fueron la sal y pimienta en aquella sociedad de principios del presente siglo y que han quedado en la memoria escrita para conocimiento de todos. Entre algunas anécdotas recordemos algunas que nos han legado otros autores.
Un pintor de brocha gorda, conocido por todos como Peñita, tuvo la ocurrencia de afeitarse toda la cabeza, las cejas y el bigote pintándose con purpurina desde el cuello hasta arriba y cuando se le preguntaba de que iba disfrazado respondía que de “perilla de escalera de casa rica”.
Otro personaje fue Pepe García, conserje del Gobierno Civil, que se disfrazó de mujer con un solo camisón encima, sin nada más debajo y que paseaba por la ciudad jugando al trompo y, cada vez que se agachaba para recogerlo, dejaba al descubierto todas sus partes bajas, situación que le ocasionó dormir en la comisaría más de una noche.
Un cocinero de un buque mercante alemán atracado en el muelle de Santa Cruz, totalmente calvo, gordo y colorado, en los carnavales de 1.917, se colocó una vela encendida encima de la cabeza y chorreando de esperma toda la cara, paseaba arriba y abajo de la plaza de Candelaria, disfrazado de “candelabro “.
En un baile popular que se celebró en la fábrica de tabacos Victoria de la plaza de la Paz, se originó un temporal con relámpagos, granizo y truenos, con apagón de luz que ocasionó un revuelo generalizado con gritos, carreras y un desmayo de una señora asistente que, al no disponerse de un frasco de sales para su reanimación, alguien pidió a gritos un calcetín sudado que fue aportado por un muchacho que llevaba horas sin parar de bailar y que resultó apropiado para que la señora volviera en sí. Costumbres practicadas entre los vecinos santacruceros que tanto arraigo popular tuvieron y que viene a refrendar el desenfreno y algarabía que definen desde antaño a las fiestas del Carnaval.
