La Plaza del Cristo de La Laguna es de todos. ¡No! al macro Velatorio

En el siglo XXI quieren arrasar la memoria colectiva, todo vale por dinero… No al Tanaorio de la Plaza del Cristo… Una Plaza de jolgorio y diversión… Una Plaza de todos, no nos la pueden quitar por dinero y más dinero.

A finales del siglo XIX se gestó la Escuela Regionalista de La Laguna que resaltaba la realidad paisajística, tradicional y costumbrista de Canarias a través de la poesía. Sus poetas cantaban a la ciudad que le da nombre y a las islas donde viven, resaltando sentimientos de melancolía y añoranza por lo aborigen y una idealización constante frente a la vigente realidad. Una poesía al margen del mundo que resalta el amor por la tierra y la añoranza de la Naturaleza, muy influenciada por el Romanticismo. La Escuela Regionalista marca un intento de integración en el quehacer poético de las islas desde la ciudad de San Cristóbal de La Laguna.

La Laguna. José Tábares Bartlett

Vedla: reposa en apacible calma,
en soledad gratísima y amena,
en su campiña se engrandece el alma
y entre sus muros de piedad se llena.

Elévanse sus templos seculares
en la atmósfera azul tranquila y pura
y pierden sobre ciclópeos pilares
las formas de su vieja arquitectura.

Solamente la voz de la campana
turba el silencio de su fértil llano
cuya volátil vibración cercana
la fe le infunde al corazón cristiano.

Los vientos de las zonas tropicales
en armoniosas ráfagas cimbrean
los laureles, y cliopos, y nogales,
que sus anchos caminos hermosean.

¡Cuan vasta y esplendente es su llanura!
Piélago undoso de rasantes mieses;
«en el invierno alfombra de verdura, ‘
campo de oro en los estivos meses.

Tapizan sus selváticas montañas
tréboles, y poleo, y maravillas,
y orlan á trechos las flexibles cañas
con mantos de esmeraldas sus orillas.

Desde la vega á la empinada loma
Naturaleza muéstrase fecunda,
y un aire fresco de agradable aroma
bajo un radiante sol todo lo inunda.

Alegran al poético paisaje
el jilguero de multiples matices,
el mirlo y capirote entre el follaje
y en los trigos ariscas codornices.

Le cantan sus bucólicos amores
las invisibles brisas perfumadas
en el regazo de silvestres flores;
himnos las fuentes y el pastor baladas.

Cuando la tarde desfallece triste,
muere como el delfín rica en cambiantes;
cuando la noche sus crespones viste,
le dá el cielo sus luces de diamantes;

y al despertar el alba purpurina,
las trasparentes lágrimas que llora
las enjuga al soplar de la colina
el céfiro, ese aliento de la aurora.

¡Oh, noble Aguere! Suelo primoroso
de eterna primavera! iCasto nido!
¡Histórica región! ¡Cisne amoroso!
Suave remedo del Eden perdido!

Laguna hermosa de candor emblema,
de preclaros varones madre y cuna,
tú ceñías de Apolo la diadema
cuando te fué propicia la fortuna.

Deja que el rayo de pasada gloria
ilumine, evocándolo, mi mente,
que abra una hoja de tu limpia historia
para enseñanza de tu edad presente;

que á tu recuerdo, mi cerebro inflama
la antorcha de tus fastos inmortales;
aún repiten los ecos de la fama
tus cabildos, que ilustran tus anales,

—Tu pléyade de artistas y escritores—
el numen de la patria la conserva,
ellos alzaron á tu honor loores
ante el ara del templo de Minerva.

¿Quién olvida que dieron tus hogares
al Pindó, Viana, tu inspirado bardo?
¿Y al arte, y á la ciencia, y los altares
á Nuñez, Nava, Saviñón y Eíduardo?

¿Cómo olvidar á los valiosos hombres
que orgullo fueron de la patria un día?
¡Ilustres manes, memorables nombres
que murmuran las auras todavía!

En tan altos modelos inspirada
tu actual generafión alce la idea;
tierra por el ingenio fecundada,
grande y feliz y próspera te vea!

Mas, ay! en vano esperarás ventura
si nutre la discordia tus pasiones,
esa fiebre mortal, la calentura
que consume á los pueblos y naciones.

Serán tus asperezas tus tiranos,
será cruel y acerbo tu destino
mientras cunda en tus libres ciudadanos
el odio de Ruggiero y Ugolino.

 

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