Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2018 (VII). Por Rosario Álvarez Martínez

(…) La capilla de música de la catedral tuvo corta existencia, porque los tiempos no eran favorables para la Iglesia, aunque tras el Concordato de 1851 el Estado seguía ayudando para mantener a los organistas, no así a los cantores e instrumentistas, que fueron sustituidos en las grandes  solemnidades por grupos de músicos externos que con buena voluntad más que formación se ofrecían a colaborar. Así lo hizo a veces la  orquesta de la Sociedad El Porvenir

En aquellos tiempos de crisis también desapareció la Esclavitud, que fue restituida con nuevos Estatutos y criterios en marzo de 1873. Será ella la que se preocupe y ocupe a partir de entonces de que las ceremonias del Cristo vuelvan a tener el esplendor de antaño. Y para ello comienzan a contratar a grupos instrumentales de la ciudad como a la ya mencionada orquesta o a coros circunstanciales que junto al órgano le confirieran solemnidad a la misa mayor del día 14. Entre las posibilidades que encontraronno fue menor la de contratar a buenos cantantes de ópera que a partir de 1870 empezaron a venir con regularidad a las Islas para las temporadas que se hacían en el Teatro Guimerá. Tan solo voy a citar un par de ejemplos, como el del barítono italiano Giuseppe Mola que en julio de 1887 llegó enfermo del Brasil, que fue acogido por la directiva de la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia de Santa Cruz, que dio un par de recitales en su sede,  y que en agradecimiento  se ocupó de traer al año siguiente a un Septimino de cantantes italianos para actuar allí. Pues bien, Giuseppe Mola canta en las fiestas del Cristo de ese añode 1887 a satisfacción de todos, mientras que años más tarde, lo hará otro barítono italiano llamado Antonio Negrini, que en mayo había ofrecido un recital en Santa Cruz y otro en el teatro Viana de esta ciudad acompañado este vez por el pianista y organista Fermín Cedrés. Negrini había permanecido entre nosotros todo el verano por lo que pudo ser contratado para cantar en la ceremonia del Descendimiento y en la Misa.

Sin embargo, la intervención más notable de aquella época fue la que tuvo lugar en la inauguración y bendición del nuevo edificio catedralicio en 1913 que se hizo coincidir con la festividad del 14 de septiembre, adonde se llevó al Cristo naturalmente. En ella intervino un coro creado por el que fuera organista de la catedral José Tarife Tejera, que ya había colaborado en otras ocasionescon la festividad del Cristo, al que se sumaron los barítonos Néstor de la Torre (1875-1933) y Germán Perera, más el tenor Jorge Sansón, estos últimos discípulos del primero, que era un afamado cantante de ópera grancanario que recorrió los mejores teatros del mundo tanto de Europa como de América, y que por cuestiones familiares se retiró en 1908 viniendo a vivir a Santa Cruz, donde residió durante 10 años. Para tocar el órgano invitaron nada menos que al maestro Bernardino Valle, que fue durante décadas director de la orquesta de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas, además de buen pianista acompañante. Por tanto, todo un lujo musical para aquella célebre ceremonia del Cristo de 1913 en el nuevo templo catedralicio. Y por primera vez los documentos nos permiten atisbar parte del repertorio: la  Pequeña Misa solemne a dos voces de Luigi Bordesse (1815-1886) y un Te Deuma cuatro del que no se menciona el autor.

Con la creación en 1918 del Orfeón la Paz, que este año está celebrando su centenario, las funciones religiosas dedicadas al Cristo han contado casi siempre con su indeclinable participación,a las que confieren brillo y esplendor no exentos de emotividad. La Música, siempre la Música.

Como el Cristo ha sido un referente para todos los isleños no faltaron músicos, aparte del ya mencionado Crisanto Delgado que le dedicaran partituras para sus fiestas. y por eso creo interesante reseñar aquí otras dos obras alusivas a esta imagen, de signo muy diferente. Me refiero en primer lugar al drama lírico en tres actos y ocho cuadros titulado El Cristo de La Laguna, con libreto de los tinerfeños Rafael VilelaMontesoro, autor de la prosa, y Fernando Suárez y González Corvo, autor de los versos, y con música del valenciano Ricardo Sendra, músico que llegó a la isla como director de la compañía de zarzuela de Pablo López y que luego fue nombrado director de la Banda Municipal de Santa Cruz. Este drama lírico, en realidad venía a ser una zarzuela de temas costumbristas, se estrenó  en el Teatro Viana el 27 de agosto de 1902, con gran éxito, pero nunca más se repuso, que sepamos. Constituye uno de los primeros ejemplos de la zarzuela regionalista canaria y trataba sobre el tema controvertido de la lucha de clases, sin que podamos saber qué papel jugaba el Cristo en él. Sendra se ocupó de conferirle cierto aire canario a la partitura, introduciendo citas musicales de isas y folías.

La segunda obra, en cambio, es una emotiva y solemne marcha procesional de igual título, que escribiera en 1950 el que fuera durante muchos años director de la Banda Municipal de La Laguna, Antonio González Ferrera (1906-1972), una partitura que evoca como pocas el paso del ceremonioso y ordenado desfile presidido por el hermoso trono de plata donde se yergue la cruz, también de plata, que soporta la tan discutida y valiosísima talla de nuestro protector, el Cristo sufriente y agonizante que siempre nos espera con los brazos abiertos en su Santuario para acogernos y escucharnos. (…)

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