LAS ANTIGUAS TABERNAS DE LA LAGUNA (IV). Por Carlos García

Venta de Don Antonio “cambica”
Se encontraba esta venta en una casona en la calle de la Carrera, esquina con la de Núñez de la Peña, frente a la actual dulcería de La Olivera.
Fue lugar donde se vendían alimentos además de vino, costando el vaso del mismo a razón de 10 céntimos .Recuerda María Rosa Alonso que en su infancia entraba a la venta a comprar pastillas, y describe a su propietario, don Antonio, como un hombre grueso y calvo. De la venta se recuerda el oloroso pan moreno de la época.
Tenía un gran patio interior y se accedía a sus adentros, a través de un zaguán que daba su puerta a la calle de la Carrera.
Dicha taberna ya modificada tuvo más adelante otro nombre, siendo en este caso el de El Refugio. Hoy día su lugar está ocupado por una tienda de ropas de novia.
Venta de Tomás “el pequeño”
Fue casi sin lugar a dudas, la taberna más popular de toda la isla de Tenerife.
Su dueño, Tomaza pesar de tener como apodo “el pequeño”, era un hombre grande siempre en mangas de camisa y con el sombrero encasquetado que no se quitaba nunca .El sobrenombre le venía dado en herencia por su padre, don José “el pequeño”, que fue un cochero de los llamados de hora, que hacía el trayecto Santa Cruz- La Laguna y del que se cuentan también sabrosas anécdotas.
Se encontraba esta venta en la calle de Núñez de la Peña, esquina con Capitán Brotons, donde hoy se encuentra el Bar Brasilia y en la misma casa que antes utilizó la taberna.
Tenía además del mostrador donde se servía y despachaba, un pequeño reservado dentro, con algunas mesas y sillas.
Su puerta estaba flanqueada por una cortina de “chochos”, como se estilaba en la época, y que servía como contención a la entrada de las moscas. De estas cortinas y del consumo de los mismos, lo mismo que de la frecuencia de estos insectos, deriva la frase de “ventas de chochos y moscas”.
Se recuerdan como armaderos para el vino, un buen queso blanco que se exhibía en los anaqueles, demás de sardinas saladas que venían en toneles y que tapaba con una tartana. Su éxito de clientela como antes decíamos, venía en razón de la calidad del vino que servía. Cuenta Álvarez Cruz que Tomás desconcertaba al pronto a los clientes que le daban prisa soltándoles el siguiente latinajo:
”Ite hómine profanitate fáchite”, que traducía: ¡Quítate de delante, hombre fachento”.
La frecuentaron personajes como Bernardo Blardony, Rafael Pereira, Francisco Peraza el futbolista, Juan Reyes Barlett, sin olvidar al principal protagonista de su tertulia, Manuel Verdugo.
Sus paredes estaban llenas de estrofas poéticas en las que se aludía irremediablemente al vino. Nijota, en una de sus visitas estampó:
Laguneros artríticos, tristes y desconfiados entrad en esta tasca, que aquí seréis curados. Muchos de los poemas que luego eran premiados en diferentes certámenes artísticos, fueron escritos en los papeles de estraza que servían para envolver las mercancías que Tomás vendía en su tienda.

