LA ROMERIA DE SAN BENITO (II) Por/Carlos García García

La Romería de San Benito en 1948. Podemos ver el camello cargado de cardos que miembros de aquella comisión comentaron en una entrevista de Julio Torres en los años 80.

Nacimiento de la primera comisión de fiesta

Tras hablar con la viuda del principal promotor en la organización de la romería de San Benito, tal y como hoy la conocemos, he podido conocer como se gestó y por quienes, en el año 1947, la primera “romería moderna” de ésta fiesta lagunera tan entrañable.

Doña Dolores Padrón recuerda de sus años jóvenes, siendo aún novia de D. Antonio Hernández Arrón su asistencia a las procesiones de San Benito, tal y como antes he definido.

El que fuera luego su marido fue el verdadero artífice y gestor de la revitalización y resurgimiento de lo que sería desde entonces, la verdadera romería de San Benito.

  1. Antonio Hernández Arrón, hijo de un conocido lagunero, D. Cirilo Hernández, mayordomo de la ermita de San Benito, en compañía de un grupo importante de jóvenes de la Villa de Arriba, entusiastas en las tradiciones canarias, recordando entre ellos a Cipriano Hernández, Juan Ferrera, Juan y Luis Marrero ( hermanos),a Eliseo Izquierdo, Isidro Gutiérrez, Antonio del Rosario, Juan Ríos Tejera, ­Juan Ríos del Castillo, Manuel Gutiérrez, Juan Hernández, Antonio Padrón y algunos otros de feliz memoria, fueron los que dieron comienzo, los devotos vecinos que organizaron la primera romería. A­demás la ayuda muy valiosa de Andrés Rosa, que también fue mayordomo de la ermita, y la de Virgilio Martín, sin obviar la presencia de Angel Alvarez de Ar­mas, que fue un destacado partici­pante en la organización primige­nia. No olvido tampoco el entusiasmo y colabora­ción de Doña Luisa Machado que formó parte de la organización, y que además colaboró personalmente participando en las obras de teatro tradicional que hacía junto a D.Angel Alvarez, en sus memorables recreaciones de diálogos campesinos, en el papel de Seña Rita o Mariquilla.

Todas estas personas, laguneros de bien, son los verdaderos protagonistas que organizan y sacan a la calle la romería entendi­da como la actual en Junio de 1947.

Aquella primera romería contó tan solo con seis carretas, con cuatro rondallas o parrandas, una del propio barrio, otra de la Punta y una de Taco, tres o cuatro grupos de danzas, mucho ganado e incluso con algunos camellos que, al pasar casualmente por el lugar cargados de cardos, fueron incorporados a la comitiva a petición de Manuel Hernández Gutiérrez, hecho que con el tiempo se transforma en costumbre y tradición pues, la presencia de éstos, fueron siempre emblemáticas en San Benito.

Para mayor lucimiento de la rome­ría, las carre­tas fueron llena­das con niños del barrio. Su trayecto no pasó de la iglesia de la Concepción retornando desde allí a la ermita.

Esta revisión y actualización de las fiestas fue muy importan­te y trascendente para la continuación de las mismas, ya que por desgracia, la devoción y lucimiento de las antiguas fiestas habían decrecido a consecuencia de una serie de vicisitudes, como la de la utilización de la ermita como sede de enfermos de la epidemia de fiebre amarilla en 1862,o su posterior pertenencia a la jurisdic­ción militar que usó el recinto como cuadras de caballos hasta el año 1898 en que fue devuelta y reabierta al culto.

Todas estas causas motivaron el que los vecinos y fieles de­bilitaran su devoción que estuvo a punto de desaparecer, y desde entonces las fiestas no tuvieron el lucimiento de antaño, debiendo transcurrir el tiempo para que las fiestas de San Benito fueran nuevamente de las principales de la ciudad, hasta la llegada de éstos promotores que la revitalizan extraordinariamente.

Tras el éxito de la primera romería y el regocijo vivido por los habitantes de la Villa de Arriba, no fue posible dejar de organizarla en años venideros ,hasta el punto de ir ganando cada año transcurrido, en categoría e importancia, pasando de una fiesta de barrio a romería insular y más tarde a regional.

En aras de enaltecer esta fiesta popular, fiesta de un barrio en las afueras del casco urbano, los promotores tuvieron la feliz idea de recabar ayuda a las familias nobles de La Laguna, incluyendo en los primeros momentos a hijas de aquellas para que formaran parte como Romeras Mayores, idea afortunada para el patrocinio económico que necesitaba el evento.

Así, una de las primeras familias laguneras que acudieron en ayuda de los organizadores fue la se Monteverde-Ascanio, sumándo­se pronto otras de gran abolengo y solera.

Lo mismo ocurrió con D.Manuel Cerviá Cabrera, Magistrado del Tribunal Supremo, hijo de Tenerife, que aportó ayudas inestimables a la romería lagunera, motivo por el que ostentó la Presidencia de Honor de la misma.

Como ejemplo del rápido e importante auge que obtuvo la fiesta, solo un año después, en 1949,el programa de festejos que se celebró en junio, tenía un “Pregón anunciador” que dio paso años mas tarde al pregón radiofónico que se hacía en Radio Club, la “proce­sión de la víspera”,”diana floreada”,”misa y función religio­sa”, “b­endición del ganado”,”fiesta de exaltación regional” que se convertirá luego en la Fiesta de la Copla donde se falla el certa­men mas presti­gioso de coplas, la Espiga de Oro,”carreras ciclis­tas, fútbol y luchas cana­rias”,”concierto musical” y por supuesto “la romería” que ya hizo un trayecto por toda la ciudad, bajando por San Agustín y subiendo por La Carrera. Y todo ello en tan solo un año de organi­zación.

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