La Semana Santa en Tejina Tenerife, la curiosidad del «romanillo»

En el documental se puede apreciar las calles llenas de romanillo para aromatizar el paso procesional.

Existe un elemento muy peculiar en la Semana Santa de Tejina. El Jueves Santo y la Madrugada del Viernes, parte del trayecto procesional se cubre con una planta denominada romanillo -es sin duda de Lavandula buchii-Matorrisco tinerfeño planta endémica de nuestras Islas-, que los fieles recogen en La Atalaya (cumbres de Tegueste y Tejina) y que, al pisarla, desprende un peculiar aroma, similar al de lavanda. Se trata de una tradición ancestral de uso común en el resto de parroquias y tristemente desaparecida hace más de cincuenta años.

Entre otras muchas cosas del «romanillo», nuestra gente del campo dicen que colocando un par de hojas en el sombrero se calman los dolores de cabeza. Las hojas de lavandula, al igual que las de incienso, sirven para proteger a las papas de los parásitos. El «romanillo» es un arbustillo de hasta más de un metro de altura, ramificado desde la base; de hojas verdes, vellosas y muy divididas; flores terminales en espiga, azules, rosas, o violáceas (estas últimas son la variedad que se usa en Tejina). Desprende una suave fragancia de inconfundible aroma que de un caracter muy especial al Jueves Santo de Tejina.

Desde la parroquia de San Bartolomé de Tejina procesionan los siguientes pasos:

La Verónica, El Nazareno (ambos anónimos) y La Dolorosa procesionan el Jueves Santo y el Viernes Santo. Acompaña a estos pasos la cofradía de La Verónica, que viste túnica negra y capirote y cíngulo blancos.

El Cristo, obra de Ezequiel de León, procesiona en la madrugada del Viernes Santo (y en la procesión magna del mismo día) acompañado por La Dolorosa. Se trata de la procesión de madrugada, una de las más sentidas y representativas de la Semana Santa en Tejina. Comienza en la parroquia de San Bartolomé, desde donde se dirige a El Pico, donde es recibida con hachones de fuego dispuestos a lo largo del camino, para concluir en el lugar de origen. Acompañan a estos pasos la cofradía de El Cristo, que viste túnica negra y capirote y cíngulo rojos.

El Santo Entierro, imagen anónima, procesiona en la procesión de El Silencio (anochecer del Viernes Santo) y, antes, en la procesión magna.

De todas las imágenes que integran la Semana Santa tejinera brilla con luz propia La Dolorosa. Si bien popularmente se atribuye al escultor grancanario Luján Pérez (1756-1815), entre los expertos existe una honda controversia en torno a su paternidad. La razón la esboza claramente el historiador y cronista lagunero De la Rosa Olivera (1943, p. 9): “la similitud de muchos de los trabajos de Luján y de Estévez hace muy difícil, por no decir imposible, afirmar que una determinada obra, sea de uno o de otro, de no haber documento que lo pruebe, como ocurre en este caso”. Sin embargo, el estudio de Padrón Acosta (1943) resulta sumamente aclaratorio.

La atribución de esta imagen a Fernando Estévez (1788-1854) al parecer partió de Rodríguez Moure. Pero una nota del primer libro de fábrica del Archivo de la parroquia de Tejina, escrita por el párroco, don José de la Concepción Quintero, el 31 de enero de 1803, reza: “ Y por último, por mi mano, y ayudado del carpintero Bartolomé Rodríguez se ha armado y dado de yeso el retablo de Nuestra Señora de Los Dolores, cuya santa imagen queda en poder de D. Manuel Antonio de la Cruz para que éste la vista y estofe, cuya paga tiene en su poder que fueron ocho fanegas de trigo donadas, tres por la dicha doña Ana Rodríguez, una por el conde de Salazar, otra por el capitán don Tomás Suárez y tres por mí el infraescripto José de la Concepción Quintero y Estévez”.

Esta nota niega la atribución de la imagen a Fernando de Estévez, puesto que el escultor orotavense frisaba entonces los 14 años de edad.

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