LA COORDINADORA DE BENIJO Y LOS ARCOS DEL CRISTO
Yo otra vez
Lagunero
¿Tú crees en la predestinación? Yo, totalmente; es más, no es que crea, es que existe, vamos que sí existe. Mira, estaba yo el domingo que no sabía qué escribir, cuando me dejan el Diario de Avisos y leo la última página que escribe un tipo, pero un tipo de esos lelos, lelísimo; y fue como una especie de aparición porque fue leer tres frases y entonces se me ocurrieron como 1.500 de ideas sobre la estupidez humana. ¿Y tú crees que esto fue casualidad…? No, fue predestinación: Yo estaba predestinado para encontrarme con lo escrito por ese tío y escribir, y él para ser imbécil.
¿Y tiene él la culpa de ser imbécil? Pues no, el pobre no tiene la culpa, estaba predestinado. No es que crea en la predestinación, sino que, existe. Y hasta tal punto estoy convencido de que existe que cuando vas a nacer, pero justo antes, alguien o algo, no me digas qué, te coge, te levanta, te da cuatro vueltas por el aire como la masa de la pizza, te mira y remira y dice: «Éste que tiene estas piernas así medio bestias… futbolista; éste que no lo tiene claro… político; y éste que tiene cara de adulón y chanchullero, le damos un micrófono o una paginita dominical». Oye, y dicho y hecho. Uno sale futbolista, el otro político, y este «Periodista», «Periodista» y a aguantarlo. Alucinante esto de la predestinación.
Y fíjate si existe la predestinación, que sí creo en ella, que la primera vez que le oí a mi querido amigo Julio Fajardo su monólogo sobre la coordinadora de Benijo, pensé que algún día la conecería en persona, y que no sólo al leer a ese imbécil se me ocurrió este articulito, sino que tú, precisamente tú, a esta hora y hoy, estabas predestinado a leerlo. Y luego dicen que la predestinación no existe… estás de broma, ¿verdad?
¡Una ñaco la raca del goma! Don Antonio, sí don Antonio, sí la hiedra, sí lo de la hiedra fue por mí. Sí don Antonio, es obra mía para servirle yo, don Antonio, la coordinara de Benijo ¿Le parece terminar con una pintadita en los soportales que diga ¿”¡Teniente chusquero Go Home!”? Adiós don Antonio, no tengo más monedas.
