En los años cincuenta fue un impacto en La Laguna la actuación de la Coral de Cámara de Pamplona en el Teatro Leal, con motivo de las fiestas del Cristo.
Yo creo que a partir de ahí se genera una afición por la música coral que no va a detenerse hasta el momento actual. El éxito del grupo que dirigía el maestro Morondo fue el detonante final de un gusto por la polifonía que ya se había iniciado con la ingente labor docente del maestro Manuel Borguñó y con su actuación al frente de la Scholla Cantorum del Seminario. Al coro de Pamplona le siguieron, en sus visitas, el Maitea y el Santiaguín, pero ya habían dejado prendida su semilla, no sólo en el ya tradicional Orfeón La Paz, sino en otras aventuras especializadas que con estructura de cámara se organizaron rápidamente, como el Tomás Luis de Victoria y posteriormente el Palestrina, como homenaje a los dos grandes maestros, junto con Guerrero, de la música polifónica. En estas dos formaciones, como no, figuraba KIKE como uno de sus componentes más significados.
Coral de Cámara de Pamplona, Teatro Leal años 50
El coro Palestrina, donde actuaron KIKE Martín y Elfidio Alonso, puede decirse que es una premonición de los Sabandeños, si se tiene en cuenta que allí coincidimos también: Domingo Luis Martín, Rafael Perera, Juan Oliva y yo mismo. Además, el hecho de desplazamos a casi todos los pueblos de la isla para cantar la misa el día de la fiesta, nos hacía estar como la “caja del turrón”, igual que hiciera el grupo folcklórico en su primera etapa, de fiesta en fiesta, por todos los rincones del Archipiélago, consolidando una manera de concebir el folcklore en formación cerrada, casi militar, como de foto de fin de curso, que ha sido adoptada posteriormente por cientos de grupos de todas las islas.

El Coro del Padre Adán en uno de sus viajes a Gran Canaria
Lo religioso tenía también que ver con la broma, así que entre misa y novena siempre había un momento para el buen humor. En todo trabajo se fuma. Recuerdo unas novenas de la Virgen del Rosario de Tegueste, que eran de las llamadas” de pique” , pues cada día le correspondía organizar lo actos, contratar al predicador y al coro así como enramar la iglesia a un barrio diferente. La Palestrina fue apalabrada por el de Pedro Álvarezo Al final de la novena se celebraba una procesión en el interior de la iglesia que duraba una eternidad. La Virgen iba a hombros y daba un paso adelante y dos hacia atrás. La calidad de la novena se medía por la floritura oratoria del predicador, por el afinado del coro, por el arte de los adornos florales y, sobre todo, por la duración de la procesión: una evidencia más de ese empeño que se tiene en cargar la suerte en las manifestaciones populares.
Los componentes del coro saludan al respetable, finalizada su interpretación en una Fiesta de Arte en la Orotava, en la década de los 50
Una vez fui a una procesión de San Miguel que se celebraba al mediodía, con el sol a plomo, castigando los pescuezos con los peligrosísimos últimos rayos de septiembre.
-Vamos hasta ahí mismito y volvemos- me dijeron en esa rebaja del esfuerzo consustancial a los ambientcs rurales.
El santo llegó hasta el Sobradillo, y, en su recorrido, entró por todos los caminos adyacentes donde fue recibido con voladores. (Ya que la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña) Los chicos de la danza que abría la procesión acabaron extenuados, las castañuelas ya no se oían y el parche del tambor estaba a punto de romperse; y hasta un devoto de promesa que había bebido demasiado vino expuesto al solajero, se agarraba al trono, como podía, gritando:
¡Miguel! ¡Miguel!
La procesión de la Virgen del Rosario dentro de la iglesia de Tegueste duraba tanto como aquella, y mientras, el coro iba desmenuzando todo su repertorio. Ya se habían bisado todas las obras y la Virgen aun no había llegado a la mitad del recorrido. Entonces se le ocurrió a KIKE que, para rellenar.Domingo Luis Martín cantara un aria de “La Gioconda” de Poncelli con que bromeaba en los ensayos.

Una intervención del coro en la Real Sociedad Económica de Amigos del Pais
Así se dispuso y pasó a interpretar,acompañado al órgano por el padre Adán, el “Celo e mare” alterando la letra en donde fuera necesario. Allí donde decía” amor mío” se cantaba “virgen mía”, y aquí no ha pasado nada.
Al finalizar se oyeron unos murmullos en la iglesia y rápidamente subió un monaguillo hasta el coro. KIKE no sabía lo que iba a ocurrir cuando dijo el chiquillo:
-De parte del cura, que si pueden cantarla otra vez.
Así se hizo y fue un éxito rotundo. Al final nos estaban esperando en la sacristía una garrafita de vino dulce y una cesta pedrera llena de rosquetes.



