Del 26 de octubre al 2 de noviembre, el Mercado de La Laguna nos invita a saborear las tradiciones de Todos los Santos y Fieles Difuntos

Sabores de la memoria lagunera desde mañana con la cocina tradicional de Todos los Santos y Fieles Difuntos en La Laguna y su comarca

Entre el aroma de las castañas asadas, la dulzura de los buñuelos y los recuerdos familiares, La Laguna conserva una gastronomía de otoño que une la tierra, la tradición y la memoria de quienes nos precedieron.

Cuando octubre se despide y noviembre llama a las puertas, San Cristóbal de La Laguna y los pueblos de su comarca recuperan algunos de los sabores más entrañables del calendario tradicional. Son días de recogimiento, visitas a los cementerios, encuentros familiares y mesas en las que los productos de temporada adquieren un significado especial.

La festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la conmemoración de los Fieles Difuntos, el día 2, han estado vinculadas durante generaciones a costumbres religiosas, sociales y gastronómicas. En los hogares laguneros, como en tantos otros rincones de Tenerife, el otoño invitaba a reunirse alrededor del fuego, compartir los frutos de la tierra y recordar a los seres queridos.

Las castañas, las batatas, los higos pasados, las almendras, la miel y los dulces elaborados en casa forman parte de ese universo de sabores que evoca una cocina sencilla, aprovechadora y profundamente familiar.

El Mercado de La Laguna representa hoy un espacio privilegiado para reencontrarse con estos productos y reivindicar las recetas que han pasado de abuelos a nietos. Porque conservar la gastronomía tradicional también significa preservar una parte esencial de nuestra identidad.
La noche de los finaos: cuando los recuerdos se compartían alrededor de la mesa
Antes de que las celebraciones actuales transformaran el paisaje festivo de finales de octubre, en Canarias existía una arraigada costumbre: la noche de los finaos.

Las familias se reunían para recordar a sus difuntos. Los mayores relataban historias y anécdotas de quienes ya no estaban, mientras los más pequeños escuchaban y compartían castañas, nueces, almendras e higos pasados. En algunas localidades, los niños recorrían las casas recogiendo pequeños obsequios alimenticios.

En La Laguna, esta tradición también ha encontrado un espacio de recuperación en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife, cuya sede de la Casa Lercaro ha acogido encuentros dedicados a los cuentos de finados, la música y la gastronomía popular.

En torno a estas celebraciones se reconoce una forma de entender la vida en la que el recuerdo de los ausentes no estaba reñido con la convivencia, la conversación y el disfrute de los alimentos.

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