Ventas, bodegas, tabernas y dulcerías del entorno de la plaza del Cristo de La Laguna: Casa Antonino y su relación con acontecimientos historicos (y VI). Por Julio Torres

Casa Antonino en invierno, el parral sin hojas, Lucinia y su hijo Antonio y un clente de aquellos de la peña del puchero de los jueves. Foto: finales años 50. Colección familiar.
1964 Antonino se retira
La vida continuó en Casa Antonino después de aquella noche de 1956. Todavía quedaban varios años de actividad bajo la etapa directamente relacionada con su fundador.
En 1964 Antonino decidió jubilarse y traspasar la casa de comidas. Terminaba de esta manera una etapa iniciada hacia 1919-1920, cuando aquel establecimiento había comenzado su andadura junto a la plaza del Cristo.
Habían transcurrido más de cuarenta años.
Durante ese tiempo Antonino y su familia habían visto cambiar profundamente La Laguna y también España. Por delante de sus puertas habían pasado militares, vecinos, comerciantes, religiosos, viajeros y generaciones enteras de laguneros.
Pero la retirada de Antonino no significó la desaparición de Casa Antonino, puesto qu quienes continuaron con el establecimiento conservaron su nombre y eso permitió que varias generaciones posteriores siguiéramos conociendo aquel lugar exactamente de la misma manera: Casa Antonino.

Casa Antonino fue testigo del acontecer histórico de La Lqaguna y España del siglo XX. A sus puertas se recibieron a los recien nombrados Principes de España. Foto: García 1973.
Casi noventa años de historia
El establecimiento continuó abierto durante más de cuatro décadas después de la retirada de su fundador.
Quienes lo conocimos en los años setenta, ochenta y noventa encontramos ya una Casa Antonino diferente a aquella de los primeros tiempos. Habían desaparecido los militares que llegaban del cuartel, los frailes con sus botellas escondidas bajo el hábito, el loro del patio y aquellas procesiones de San Miguel que alcanzaban el Cristo.
Pero el nombre permanecía.
Y permanecía también algo mucho más importante: el recuerdo de un establecimiento que había acabado formando parte del paisaje humano de aquella zona de La Laguna, finalmente, en 2008 Casa Antonino cerró sus puertas y casi habían transcurrido noventa años desde su apertura.
Con su desaparición no cerraba solamente un bar o una antigua casa de comidas. Desaparecía uno de esos establecimientos desde los cuales también puede contarse la historia cotidiana de una ciudad.
Porque la historia no está formada únicamente por grandes acontecimientos, personajes importantes o documentos oficiales.
También está en una mesa alrededor de la cual se reunieron varias generaciones; en una ventana desde la que se despachaba vino durante las fiestas del Cristo; en un antiguo grifo de cerveza; en un soldado llegado desde Cádiz que decidió quedarse en Tenerife; en unos frailes que escondían una botella bajo el hábito; en un loro que aprendió a anunciar su llegada; o en los vecinos que esperaban en la plaza mientras San Miguel entraba en el santuario.
Y está también en una noche concreta, la del 29 de septiembre de 1956, cuando la noticia de un avión accidentado en Los Baldíos interrumpió una procesión y puso fin, sin que nadie pudiera saberlo entonces, a una antigua tradición.
Gracias a quienes conservaron la memoria
Con este capítulo cerramos nuestro recorrido por la historia de Casa Antonino.
Y es obligado terminar agradeciendo a todas aquellas personas que han facilitado fotografías, recuerdos, documentos e información para poder reconstruirla.
De manera especial, a Antonio Manuel Garrido, Toto, cuya memoria familiar ha permitido conocer aspectos de Casa Antonino que difícilmente habrían podido recuperarse de otra manera.
Porque cada fotografía guardada en una casa, cada nombre que alguien todavía recuerda y cada anécdota transmitida de una generación a otra constituyen documentos imprescindibles para reconstruir nuestra historia más cercana.
Durante la guerra civil fue casi el cuerpo de guardia del cuartel, tuvo una gariba a escasos 50 metros de su puerta. Foto: La Laguna 1938.
Casa Antonino desapareció físicamente en 2008
Entre 1919 y 2008, Casa Antonino se distinguió por una serie de platos que marcaron su historia y se convirtieron en auténticos emblemas del establecimiento. Entre ellos destacaron, sin duda, las carajacas, que nunca desaparecieron de la carta; el conejo, tanto frito como en salmorejo, que ocupó un lugar fundamental en su cocina hasta aproximadamente 1970; y el puchero canario. Este último pudo estar inspirado por militares peninsulares, amigos del tradicional cocido madrileño de los jueves, y dio origen a la célebre Peña del Puchero de los Jueves. A aquellas reuniones asistían destacadas personalidades de la ciudad y, con el paso del tiempo, la cita adquirió un carácter casi religioso para sus participantes. Esta tradición se mantuvo hasta 1964, coincidiendo con la jubilación de Antonino y Lucina, poniendo fin a una de las etapas más recordadas de la historia de Casa Antonino.
Que durante casi noventa años contempló desde el entorno del Cristo buena parte del siglo XX lagunero.
Y recuperar ahora su historia significa recuperar también una pequeña parte de la memoria cotidiana de San Cristóbal de La Laguna.
