El Cristo de La Laguna, la Plaza, los templetes y las fiestas (II)

Primer templete 1879. Foto coloreada IA 2026.

Julio Torres Santos
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El primer templete

En 1879 se levantó en la plaza de San Francisco el primer templete destinado a recibir al Santísimo Cristo de La Laguna durante la tradicional Entrada. Las crónicas de la época lo describen como «un templete o grande arco triunfal de cuatro pilares, hecho de madera y lienzo en el que descansa el Santísimo Cristo a su entrada».

La construcción se situaba aproximadamente en el centro de la plaza y estaba realizada fundamentalmente en madera y lienzo. Su decoración imitaba materiales nobles, como mármoles y jaspes, un recurso ornamental que constituyó entonces una notable novedad y que debió conferir al conjunto un aspecto especialmente solemne.

Los documentos gráficos conservados permiten apreciar que este primer templete respondía a una clara inspiración neoclásica. Su diseño y financiación se debieron a don José Felipe de la Rosa, quien promovió su construcción como cumplimiento de una promesa al Santísimo Cristo de La Laguna, motivada por la grave enfermedad de una de sus hijas, doña Josefina Felipe Real, que había contraído la fiebre amarilla durante la epidemia que azotó la ciudad.

Don José Felipe de la Rosa residió en La Laguna, concretamente en el número 5 de la antigua calle Fagundo —actual calle Cabrera Pinto—, en una vivienda de dos plantas que él mismo había mandado construir en 1867. De su matrimonio con doña Clotilde Real Beyro nacieron cuatro hijos: Imelda, Josefina, Clotilde y Alonso Felipe Real.

Además de su vinculación con la historia del templete, José Felipe de la Rosa tuvo una destacada presencia en la sociedad lagunera de su tiempo. Fue el cuarto presidente del casino El Porvenir, institución fundada el 10 de enero de 1858 por el Partido Liberal de La Laguna como lugar de encuentro de las clases obreras y de la juventud. Su primera sede estuvo situada en el número 11 de la Plaza del Adelantado.

El deterioro y la restauración del templete

Con el paso de los años, aquella construcción de 1879 comenzó a acusar inevitablemente el deterioro. Hacia 1900 su estado era ya bastante deficiente y, dos años después, la Comisión de Fiestas llegó a proyectar una moderna plataforma con rampas destinada a sustituirlo.

A pesar de esta transformación, continuaron utilizándose numerosos elementos ornamentales asociados a la decoración tradicional de la plaza durante las fiestas. Entre ellos figuraban «los ocho triángulos ornamentales (…) forrados de tela y pintados al óleo», que habitualmente se disponían alrededor del templete, además de diferentes tipos de arcos, setenta y dos faroles de madera y cartón con sus correspondientes veinticuatro pilastras, pabellones con escudos a ambos lados y decenas de plumas adornadas con banderas y gallardetes.

Sin embargo, finalmente se optó por recuperar el antiguo templete. La restauración fue encomendada al conocido artista Benjamín Sosa y Lugo, quien devolvió al conjunto buena parte de su esplendor. Los trabajos habían concluido en agosto de 1922, como dejó constancia La Gaceta de Tenerife al referirse a las celebraciones de aquel año:

«Concluidos los trabajos de restauración del hermoso templete o pabellón que en la Plaza de San Francisco servirá de descanso al Señor, es ahora como puede apreciarse la belleza del mismo. El preciso decorado, obra de Benjamín Sosa, fue uno de los adornos que más se elogiarán en las fiestas de 1922.»

Para entonces, el templete había dejado de ser únicamente una construcción funcional destinada a recibir y proteger la imagen durante la Entrada. Con el transcurso de las décadas se había convertido en uno de los grandes símbolos de las Fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna, inseparable de la imagen tradicional de la plaza durante los días de septiembre.

Así lo muestran las representaciones gráficas de comienzos del siglo XX, en las que el templete aparece acompañado por otros elementos característicos de aquellas celebraciones: la turronera, los populares ventorrillos cubiertos con sábanas y hojas de palma, los faroles, las banderas y gallardetes y, presidiendo simbólicamente el conjunto, la imagen del Santísimo Cristo.

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