Semana Grande de Bajamar: Aquellos veranos de Bajamar

Hablar de Bajamar es hablar de aquellos veranos que parecían no terminar nunca. De mañanas junto al mar, tardes de juegos y noches en las que las calles se llenaban de familias, amigos y conversaciones. Para muchas generaciones, este pequeño rincón del litoral de Tenerife guarda recuerdos imborrables de infancia y juventud.

Aquellos veranos comenzaban temprano. Toallas al hombro, bañadores todavía húmedos del día anterior y rumbo a las piscinas naturales, donde grandes y pequeños compartían jornadas enteras de baños y sol. El sonido de las olas chocando contra las rocas formaba parte de la vida cotidiana y, cuando el mar estaba bravo, contemplarlo se convertía en todo un espectáculo.

Pero Bajamar no era solamente playa y piscinas. Eran también los paseos al atardecer, los helados, las pandillas de amigos, las bicicletas y aquellas noches de verano en las que nadie tenía demasiada prisa por regresar a casa. Los niños jugaban mientras los mayores conversaban y disfrutaban de la agradable temperatura junto al océano.

Con el paso de los años, muchas cosas han cambiado. Los niños de aquellos veranos crecieron, algunos establecimientos desaparecieron y otros ocuparon su lugar. Sin embargo, hay algo que permanece intacto: la memoria de un verano en Bajamar.

Basta regresar, mirar hacia el mar y escuchar nuevamente las olas para que aparezcan los recuerdos. Las amistades, los primeros amores, las reuniones familiares y aquellos días sencillos en los que la mayor preocupación era aprovechar hasta el último minuto antes de volver a casa.

Porque hubo un tiempo en que el verano tenía un lugar, un sonido y un olor muy particulares. Para muchos tinerfeños, ese lugar se llamaba Bajamar.

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