Las brujas en Canarias (y III), por Ludmila Wright Wright

PERSONAJES HISTÓRICOS Y TESTIMONIOS
Terminamos este artículo sobre la brujería en Canarias con una serie de hechos históricos reales y testimonios vinculados a diferentes figuras femeninas que fueron acusadas y juzgadas por cargos de brujería.
La presencia de la Inquisición en Canarias en comparación con el territorio peninsular fue escueta, y las víctimas de su persecución fueron mayoritariamente los hombres. Sin embargo, hemos logrado conservar la documentación oficial que anota a aquellas mujeres que fueron acusadas de brujería y superstición.
En Tenerife, tenemos uno de los casos más conocidos de todo el archipiélago: el de Beatriz Suárez, interrogada junto a Jacobina Ocampo de Huesterlín y María de Ascanio. La denuncia se recoge el 5 de marzo de 1674, y dice lo siguiente:
“… denuncio a doña Jacobina de Ocampo y Huesterlín, viuda del licenciado don Bernardo Lezcano, vecina de esta ciudad; y es el caso que estando de visita en casa de esta que denuncia doña Ana de Ascanio, viuda… habrá tiempo de un año… le contó cómo le había dicho don Juan de Vargas, ya difunto, que cuando iba camino de su casa a medianoche noche por la Pila Seca, que vivía junto a la Concepción, encontró una danza de mujeres con panderillos y velitas encendidas, y que al entrar por su puerta le dijo un clérigo, que no le dijo el nombre: «Buena fiesta ha tenido Vmd. en su casa esta noche», porque el tal clérigo vivía cerca de dicho don Juan; y que el dicho don Juan, al otro día, preguntó a Beatriz Suárez, por ser su conocida, que le dijese si había conocido a las brujas de las danzas, y que tal le dijo que una de ellas era la dicha Jacobina de Ocampo y Huesterlín”.
Con esta acusación, tenemos que tratar brevemente el tema de los bailes de brujas en Canarias. Los más conocidos son los realizados en las noches de sabbath, en torno a las hogueras y en grupos grandes; luego tenemos dos bailes distintivos, como es el baile del gorgojo y el baile del rosario de mi comadre. Pero el que pertenece a esta acusación es uno que se hacía en grupos de tres, generalmente en las calles, liderado siempre por una de las mujeres. La intencionalidad del baile podía ser tanto para maldecir como para curar a alguien, ya que se realizaba en la cercanía de la casa de esta persona. El baile iba acompañado de música de panderillos o castañetas, con las mujeres sosteniendo velas en las manos, y a veces hasta desnudándose para la danza.

En esta acusación particular, aunque se conoce el nombre de las tres mujeres, la que revela la identidad de sus compañeras es Beatriz Suárez; pero de las tres, la única acusada termina siendo Jacobina de Ocampo y Huesterlín. En Tenerife, San Cristóbal de La Laguna es una de las zonas de la que más constancia tenemos en cuanto a mujeres juzgadas por brujería:
●Beatriz Suárez (no está claro si son la misma mujer en ambos casos o comparten nombre). Acusada de maleficios y sortilegios, terminó penitenciada en la capilla de San Juan Bautista.
●Leonor e Isabel Márquez. Hermanas hechiceras, terminaron penitenciadas en la capilla del Tribunal por “pactar con Lucifer y darle brebajes amorosos a hombres para amarrarlos a determinadas mujeres”.
●Delfina Zerpa. Bruja de renombre lagunera, fue finalmente emparedada ya en su vejez.
●Agustina de Vargas. Acusada de invocar diablos y demonios ante una cruz, y de echar suerte con habas sobre una cruz diciendo “oración de la Estrella” y la de “Santa Marta”.
●Vicenta Carrillo. Herborista, fue sometida a la extirpación de los ojos por haber alumbricado los orines de una abadesa para testificar su preñez (Picar, 1906).
No podemos discernir exactamente qué repercusiones tuvieron estas acusaciones y juicios sobre las vidas de las víctimas y su entorno, más allá del daño físico-mental obvio que nace de persecuciones de este calibre. Pero si miramos en la distancia, hacia el lejano continente europeo, no nos resulta difícil suponer la implicación que tuvo esta caza de brujas. Pueblos enteros sin matronas, curanderas, yerberas y mujeres literatas. ¿Cuántos conocimientos se perdieron con estas torturas, juicios y muertes? ¿Cuántas vidas podrían haberse salvado de los males del cuerpo que pocos sabían remediar? Quizá si seguimos haciéndonos preguntas de este calibre, podremos revelar las verdades escondidas bajo los cimientos del pasado.
Ludmila Wright Wright
Alumna del Máster de Uso y Gestión del Patrimonio Cultural de la ULL
NOTA: Este artículo forma parte de las actividades desarrolladas en su periodo de prácticas en el MHAT, curso 2025-2026.
