La cruz de domicilio Torres-Jiménez exhibe un relicario del Cristo de La Laguna

La Cruz Torres-Jiménez 2026 se une un año más a la tradición centenaria de las cruces domésticas laguneras, que vuelven a situar a San Cristóbal de La Laguna en el epicentro de la devoción y el arte sacro durante las celebraciones de la Invención de la Cruz.
Desde 2000, esta iniciativa familiar ha ofrecido cada año una reinterpretación artística y devocional de la cruz. En esta edición, el protagonismo recae en una cruz-relicario con restos de madera de la talla de la venerada imagen del Cristo de La Laguna, asociados a un episodio histórico ocurrido en 1927.
Un relicario con memoria histórica
El origen de estos restos se remonta a 1927. Durante la procesión de madrugada del Viernes Santo, al entrar la imagen del Santísimo Cristo de La Laguna en la Iglesia de Santo Domingo, se fracturó el brazo izquierdo de la cruz de madera. El impacto alcanzó el rostro de la venerada imagen, dañando su característico rizo. Para poder continuar el cortejo, se optó por sustituir la cruz por la de plata, mientras se intervenía delicadamente la talla.
Las virutas resultantes de aquella intervención —fruto del trabajo realizado sobre el cabello de la imagen— son las que hoy se conservan en este relicario, dotando a la cruz de un valor histórico y simbólico excepcional.
Arte sacro contemporáneo con raíz tradicional
Para su presentación, los propietarios han recurrido a una cruz-relicario policromada en negro, con filos y cabezales dorados en pan de oro bajo, elaborada por artesanos de Antequera (Málaga), especializados en arte religioso en madera. La pieza se eleva sobre una base tallada y dorada por la firma Arte Venezia, aportando equilibrio y solemnidad al conjunto.
El altar se completa con un cuidado montaje textil: un dosel de terciopelo granate, galón de oro y damasco de seda, diseñado específicamente para esta ocasión siguiendo las indicaciones de los coleccionistas.
Un conjunto de piezas devocionales únicas
La escenografía se enriquece con cuatro jarrones de plata de la orfebrería española del siglo XIX y un relicario de plata repujada con cuatro compartimentos en forma de cruz. En ellos se custodian fragmentos de objetos que estuvieron en contacto con destacadas devociones sevillanas: Esperanza Macarena (reliquia central); Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla; María Santísima de la O y Nuestro Padre Jesús de la Pasión.
A los pies de la cruz, la Virgen Dolorosa, en esta ocasión representada en un miniatura sobre marfil de un misal de ebonita y nácar, pieza de época isabelina (siglo XIX). Junto a él, un rosario artesanal en plata sobredorada con filigrana cordobesa y cuentas de madreperla natural completa el conjunto, aportando delicadeza y riqueza material.
Un guiño histórico ante un año especial
La edición de 2026 incorpora además un elemento simbólico vinculado a la historia eclesiástica de la isla. A los pies de la cruz aparece un sello en frío de una bula del Papa Pío VII, figura clave en la creación de la diócesis lagunera. Fue durante su pontificado cuando se erigió la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, el 1 de febrero de 1819, segregándola de la diócesis de Canarias.
Junto a este documento, se expone también el sello metálico del primer obispo de la diócesis, Luis Folgueras Sión, cuyo episcopado —iniciado en 1825— estuvo marcado por tensiones con el cabildo catedralicio y por la fundación del Seminario Diocesano en 1832.
Ambos elementos se incorporan a modo de guiño a la histórica visita a la Ciudad de La Laguna del actual pontífice, León XIV.
