Curiosidades e historia de la cuaresma y la Semana Santa lagunera: La huelga de los cargadores. Por Julio Torres

La Semana Santa de La Laguna ha estado siempre rodeada de tradiciones, devoción y también de episodios curiosos que forman parte de su historia. Uno de los más llamativos fue la conocida huelga de los cargadores, un suceso que cambió para siempre la forma en que se organizaban las procesiones.
Por la época de la que hablamos, los hombres encargados de transportar sobre sus hombros los pesados pasos de la Pasión comenzaron a reclamar mejores condiciones. El trabajo era extremadamente duro: largas horas cargando estructuras pesadas por las calles empedradas y recorriendo trayectos extensos durante las procesiones.
Los cargadores pidieron un duro por cabeza como pago por su trabajo. Sin embargo, la Iglesia rechazó la petición, por lo que los hombres decidieron declararse en huelga.
Cuenta Nijota que la situación se volvió complicada para la Iglesia, ya que las procesiones corrían peligro de no poder celebrarse. Los cargadores se mantenían firmes y se negaban a realizar la faena si no se aceptaban sus condiciones.
Ante esta situación, surgió una solución inesperada. Hombres devotos de las imágenes, en su mayoría estudiantes, se ofrecieron voluntariamente para cargar los pasos y así evitar que las procesiones se suspendieran. Sin embargo, tras realizar el penoso trabajo en un par de ocasiones, los voluntarios comprendieron rápidamente que la petición de los cargadores era más que razonable. El peso, el esfuerzo y la duración del recorrido justificaban sobradamente la reclamación.
Finalmente, la Iglesia no tuvo más remedio que claudicar y aceptar una mejora en la paga.
Aun así, la huelga tuvo una consecuencia inesperada para los propios cargadores. Algunos sacristanes idearon un sistema de ruedas para adaptar a ciertos tronos, lo que permitió transportarlos con menos esfuerzo y con un número menor de braceros.
A pesar de ello, la situación de los cargadores mejoró considerablemente gracias a aquella protesta. Desde entonces comenzaron a cobrar cinco pesetas por procesión.
El número de hombres necesarios para transportar cada trono variaba según su tamaño, peso y el recorrido de la procesión. Algunos pasos requerían más fuerza que otros. El caso más destacado era el del Cristo de La Laguna, cuyo trono necesitaba doce cargadores fornidos para poder desplazarse.
Además, la procesión de Madrugada, por ser la de mayor recorrido, estaba mejor remunerada: cada cargador llegaba a cobrar nueve pesetas, una cantidad considerable para la época.
Este episodio demuestra que incluso dentro de las tradiciones más antiguas existen historias humanas de esfuerzo, negociación y cambio. La huelga de los cargadores quedó como una curiosa anécdota histórica de la Semana Santa lagunera, recordándonos que detrás de cada procesión siempre ha habido personas cuyo trabajo y sacrificio han hecho posible mantener viva la tradición.
