Es tiempo de Navidad: Memoria de las tradiciones y costumbres laguneras (II). Por Julio Torres Santos

Rancho de «Lo Divino» y pastelera en la Plaza de la Concepción a finales del siglo XIX. (Fotos recreadas por Julio Torres Santos).

Los laguneros ranchos de «Lo Divino» (I)

El pregón de las pasteleras no era lo único que anunciaba la Navidad en La Laguna, porque era también el día de la Concepción cuando las parrandas o ranchos de «Lo Divino» iniciaban su recorrido por las calles laguneras. Su origen se sitúa en los «Ranchos de Ánimas» que introdujeran los franciscanos a finales del siglo XV, por lo que pasaron de interpretar canciones piadosas en recuerdo de los difuntos, a alegres villancicos.

Aquellos primigenios ranchos de Pascua recurrían a una gran variedad de instrumentos: panderetas, panderos, timbales, cañas huecas, flautas, castañetas, hueseras, todo tipo de instrumentos de cuerda…y hasta bucios. En el camino hacia las iglesias de la Concepción, los Remedios, las Claras, las Catalinas, San Francisco… se formaban los ranchos y, tras ellos, los más jóvenes bailando; todos frenéticos de entusiasmo. Unas horas después llegarían a la iglesia… y entrarían: habían tocado a misa de luz o del gallo. Porque esta música bulliciosa de la Navidad no terminaba en las calles de La Laguna; dentro de la iglesia se cantaba también.

De ahí que en 1603 los Mandatos del Obispo Martínez de Cisneros prohibieran «so pena de excomunión mayor» que en las misas «se usasen guitarras, sonajas, panderos, tambor y otros instrumentos ridículos».

Esta fue una de las razones, aunque no la única, de que los ranchos trasladasen sus cantares principalmente al exterior de las iglesias.

Parranda de «Lo Divino» cerca de la Catedral. (Fotos recreadas por Julio Torres Santos).

Desde principios del siglo XIX, la fuente de la Pila Seca –en la Plaza de la Concepción- y los bancos de la plaza de los Remedios –la futura Catedral– eran los puntos de encuentro para las parrandas de la villa de Arriba y villa de Abajo, entre las que existía una gran rivalidad. Esta explica que las ordenanzas municipales de 1903 autoricen «las rondallas o las llamadas parrandas», con dos salvedades:

(I). Llevar consigo «palos ni armas de clase alguna, aún cuando para el uso de estas estén provistas de licencia»; y (II). Pidan aguinaldo alguno, avisando de que «todo el que infringiere este precepto será considerado y corregido como si practicase clandestinamente la mendicidad pública».

Ello porque los ranchos o parrandas tenían la costumbre de solicitar aguinaldo ya fuera para las cofradías, las fiestas locales…o para ellos mismos. Desde finales del siglo XIX, estos ranchos pasaron a conocerse como «Lo Divino», pues el mítico villancico estaba siempre presente en su repertorio.

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