Especial Navidad: La Navidad lagunera y sus famosos pasteles (V). Por Julio Torres Santos

También era frecuente verlas, al finalizar la Misa del Gallo, en las afueras de la iglesia de la Concepción, al socaire de la torre de piedra que lo preside, o su mercancía. A esas horas de la noche, los pasteles resultaban, si cabe, aún más apetecibles.
Todas vendían los pasteles a cuatro cuartos la unidad y después a real la pareja. Para ellas, dos reales por cada peso vendido.
Los balayos en los que las vendedoras portaban sus deliciosos y apetecibles pasteles los confeccionaba Juan el Carrequeño, en la lagunera calle de Fagundo (hoy Cabrera Pinto). Costaban seis pesetas .
…Y en los años sesenta…
Degustar sabrosos pasteles siempre ha sido una tradición navideña conservada por todos los laguneros. Pero, en los años sesenta, don Luis Ramos y el cofundador de “Los Sabandeños”, Enrique Martín –o mejor, Kike, como lo conocimos y recordamos todos- discurrieron una particular manera de convertir este placer gastronómico en un goce compartido entre amigos. La idea es, en sí misma sencilla y, tal vez, por eso, genial. Simplemente recorrieron las calles de La Laguna invitando a todos los vecinos a pasteles calentitos. Puesto que ambos gustaban de cuidar todos los detalles, los pasteles estaban recién sacados del horno y dispuestos en balayos, adornados con hojas de helechos y convenientemente protegidos por mantelitos calados. Mujeres ataviadas con trajes típicos se encargaron de transportarlos y de repartir su delicioso cargamento entre los viandantes.
La iniciativa, reiterada en los siguientes años, dejó el cálido olor y sabor de los pasteles en los sentidos de todos los que tuvieron la suerte de disfrutarla y convirtió esas noches de reparto en noches de amor y de convivencia, como deben ser las noches de Navidad.
El relato precedente rememora tiempos pasados y evoca la historia de nuestros famosos pasteles. Hoy no existen, con las características artesanales citadas, pasteleros, ni fabricantes de lebrillos ni de balayos. Pero en Navidad continuamos disfrutando el sabor de los pasteles, ahora con procedimientos de elaboración propios de una sociedad que se apresta a vivir el nuevo milenio. Por eso no nos equivocamos al afirmar que los pasteles, otrora exclusivamente laguneros, son pasteles de todos los tinerfeños.
