ROMERA MAYOR ROMERÍA REGIONAL DE SAN BENITO ABAD 1981. AYUDANOS A IDENTIFICAR SU NOMBRE Y APELLIDOS
San Benito Abad La Laguna «La Maga»
Francisco González Díaz
La Laguna 1919
Cada uno de los adorables pueblecitos del campo lagunero tiene su nota propia, su encanto especial; desde todos ellos. divísase un paisaje amplio y lindísimo en que los últimos términos se esfuminan en un ambiente velado, y bajo el pabellón de las cambiantes nubes las montañas adquieren tonos de un violeta intenso. Por las desembocaduras de aquel anfiteatro, asoma y penetra el azul del mar.
Sinuosos senderos de monte conducen a las cimas arboladas; anchas y bien mantenidas carreteras, cual la de Tejina, comunican La Laguna con los pagos de su contorno, tendidos y dormidos a su sombra protectora. La venerable ciudad, madre envejecida de prole numerosa, poco calor puede ya darles; pero ellos viven del suelo próvido que los sustenta. Y diariamente envían sus productos al mercado de la urbe mater.
También le envían sus aldeanas en revueltos grupos que llevan consigo la alegría de la campiña. Son por lo comÚn buenas mozas, de color encendido, formas exuberantes, suelto andar. No tienen la rusticidad salvaje de nuestras talayeras (se refiere a las mujeres de la Atalaya de Gran Canaria) y su indumentaria es típica. Su sombrero masculino presta al rostro una sombra suave que realza los pronunciados rasgos. Van descalzas como la mayor parte de las campesinas canarias, no tanto por rigor de miseria como por comodidad, aunque parezca absurdo. Andan mejor sin zapatos: cuando su ceremonial les ordena llevarlos, en los días de fiesta de gala, no se los calzan, sino que los ostentan y lucen en las manos, juntamente con el paraguas o cualquier otro adminículo. Su imaginación viva les sugiere salidas de un cómico grotesco con que responder a las pullas que al paso les dirigen los señoritos.
Uno de los espectáculos más interesantes para el forastero es el que le ofrecen estas campesinas que por las mañanas acuden a La Laguna, agrupadas y bulliciosas. Su invasión trae regocijo a la vieja ciudad, la despierta y la anima. En los anchurosos caminos de la vega destacan el rojo fuerte de sus faldas y en la tranquilidad del ambiente lanzan las notas traviesas de sus risas locas.

