Asesinato y suicidio en la “Cueva del Diablo” de la montaña de San Roque (y III)

Vista de la Ciudad desde un paraje próximo a «La Cueva del Diablo». Foto de los primeros años del siglo XX.

En una nota de prensa del 8 de septiembre de 1930 se informa que: “Aparece en la ladera de San Roque el cadáver de «Cielito».

En las primeras horas de la mañana de ayer fue encontrado en la cueva denominada del «Diablo» en el cerro de San Roque, en esta ciudad, el cadáver del albañil Manuel Yanes Pérez «Cielito», que días pasados hirió a su esposa, en el camino de La Esperanza, disparándole tres tiros de revólver.

El cadáver apareció en franco estado de descomposición, presentando una herida en la parte central del cuello, ocasionada con la misma arma con que hiciera los disparos a su esposa.

Dicha arma, se le halló en uno le los bolsillos del pantalón, lo que hace suponer que la muerte no fue inmediata al disparo.

Cuantas personas presenciaron el cadáver se muestran horrorizadas al recordar el aspecto macabro que presentaba. Los insectos lo cubrían casi por completo, produciendo una desagradable impresión.

Inmediatamente que el digno juez del partido don Ramón de la Concha, tuvo noticia de la aparición, ordenó el levantamiento del cadáver, al cual se le practicó la autopsia en la mañana de hoy”.

“Cielito” era conocedor de aquel paraje y de sus leyendas, quizás por ello lo escogió para quitarse la vida después de cometer el crimen.

La llamada “Cueva del Diablo”, para los laguneros de antaño…

Existe un paraje en este lugar en el que aún se guarda fielmente el encanto de una piadosa tradición. Es el llamado «Cueva del Diablo», en la que cada persona que lo visitaba tenía la costumbre de colocar una pequeña cruz, siendo éste el motivo por el que en la festividad de san Roque se veía completamente cubierto de diminutas cruces.

Un tanto más apartada de la ruta que conduce a la ermita y, por tanto de la planicie propiamente dicha, y a la sombra de dos centenarias higueras, se halla la «Fuente del Cuervo”, en cuyas cristalinas aguas se reflejó la grácil figura de la Princesa Dácil -«la de ojos de fuego, boca de púrpura y cabellos de ébano»-,y en cuyos aledaños se embriagara el capitán Gonzalo García del Castillo «ante el dulce mirar de la bella indígena, cuyo nombre suena a plata y sabe a miel”.

Desde la Cueva del Diablo se percibe el viejo cenobio de santa Catalina de Siena, cuyo campanario llama, cada mes de agosto, a la novena de la Virgen Difunta. Esta imagen de la Virgen fue tallada por el escultor lagunero del siglo XVIII fray Miguel Lorenzo de Villanueva, para el convento del Espíritu Santo, hoy de San Agustín, en cuya Capilla recibió culto.

Cuenta Rodríguez Moure, en su «Guía Histórica de La Laguna», que: «La Virgen del Tránsito, o Difunta, perteneció, con la magnífica urna de plata, alhajas y ricos vestidos de la imagen, a la Capilla que en el claustro de San Agustín poseían los Abreu y fue hecha por el autor del púlpito de la Concepción.»

El próximo 2 de septiembre se cumplirán 90 años de estos trágicos sucesos. En la voz temblorosa de alguna persona mayor de San Roque, aún se puede oír el relato de que “en la Cueva del Diablo se quitó la vida “Cielito”.

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