25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: Septiembre con sus fiestas del Cristo ha sido siempre el mes por excelencia de La Laguna (III). Por Julio Torres

La decoración festiva
A objeto de evocar el ambiente que imbuía las Fiestas de septiembre, que saturaba todos los sentidos con el olor de los adobos, los conciertos y las parrandas, los coloristas faroles y la iluminación especial,… reproducimos aquí parte de un artículo de Rafael Arocha y Guillama.
“El tufillo del fritango de carne en adobo anuncia la proximidad de la fiesta. Hay un arco de palmas, adornado con un farol redondo de papel, en la puerta más próxima a la plaza. Dentro gritan los bebedores. Toneles, vasos, racimos de plátanos y la sartén chirriante y humeante convidando con el apetitoso condumio (…)
Allá, en el centro de la plaza, el pabellón blanco y azul, de armónico trazado, coronado de estandartes de rojo y oro, preside la fiesta. En los cuatro ángulos del mismo, cuatro enormes farolas de papel de color, a cuyos pies se ven las anchas cestas de garbanzos tostados – esos garbanzos tan sabrosos que recubre una tenue capa de almidón, – las cajas de turrón con sus pesas colgando y los puestos de pitas de goma, esos globitos verdes, azules y encarnados, que se van desinflando con un agudo sonido… En torno la pabellón las “carteleras” triangulares orladas de farolillos de vidrio, en las cuales se destacan las figuras de los habitantes de las islas con los antiguos trajes típicos.
La arquería de los paseos está tapizada con los colores nacionales. De ella penden faroles de papel rizado, redondos y cilíndricos, veteados de rojo, azul, verde y amarillo, y al centro de los arcos, arañas también de papel de color con cadenas de lo mismo. Estas arañas tienen igualmente otros farolillos aplastados en forma de torta, que rematan el adorno inferior.
Flamean las banderas al soplo del viento y sus mástiles airosos, revestidos de follaje hasta la mitad, ostentan, los unos, un tríptico de pequeños fanales de cristales, los otros, una ruedecilla pirotécnica o una gruesa bengala que guarda en sus entrañas oleadas deslumbradoras de rojo y verde. En torno de aquel palo untado con sebo, que ofrece allá en la altura una bolsa tentadora, se agolpan los galopines, que trabajan con pies y manos por subir hasta el premio y resbalan rápidamente hasta el suelo, cuando ya les faltan las fuerzas, en medio de la gritería y de las risas de los circundantes.

¡Qué típicos los faroles de petróleo de las calles laguneras en lo alto de los palos enramados con haya, brezo o laurel! Las calles se quedarán casi a oscura y formarán contraste, en su aparente abandono y soledad, – interrumpidos por algún canto estentóreo salido de los clásicos templos de Baco, – con el regocijo luminoso y ruidoso de la plaza en la noche de la fiesta. Parecen estos faroles poliédricos de negra chimenea, algo achatados sobre el verde follaje, antiguos conocidos disfrazados socarronamente para la fiesta con su traje pintoresco. Hay también otros faroles de papel de igual hechura en soportes en forma de cruz y los hay asimismo de cartón taladrado con varios dibujos de color.
Debajo de los álamos de verde oscuro hay un fonógrafo típico (…) Allí una fila de ventorrillos con sus blancos lienzos y sus olores incitantes atrayendo a su interior pintoresco, allá el largo y polvoriento banco de piedra, adosado a la pared de la huerta de Verdugo (…).
Las mesillas de ruleta congregan a su alrededor multitud de jugadores que van a dejar las perras y las pesetas a la encarnada o a la negra. Y hay otras con multitud de baratijas, que pueden salir en suerte, si acierta a señalarlas el arco que gira velozmente en torno de ellas. Aquí un tablero con muchas navajas clavadas en el mismo, formando hileras, navajas que hay que acertar a coger tirando de lejos una argolla. Más allá una cervecería para refrescas, y hasta el barquillero pregona su dulce y leve mercancía, sujeta a la variedad de la rueda numerada: “¡barquillos de canela! ¡El barquillero!” .

La iluminación, en aquellos tiempos de incipiente aparición de la electricidad, ocupaba un lugar relevante, como dejan entrever los programas, de los que entresacamos algunos ejemplos.
“Fiestas de San Miguel con Verbenas, iluminaciones, fuegos artificiales, función religiosa, etc.” .
“De ocho a doce de la noche, iluminación en las calles principales de la ciudad”.
“Es de esperar que el vecindario contribuya al mayor lucimiento de las fiestas, adornando e iluminando cada vecino las fachadas de su casa respectiva, sobre todo los días 13 y 14, así como que la ilumine, en cualquiera de las calles del pueblo en que viva, especialmente desde la noche del 8 hasta el 14. Previo dictamen del Jurado que se nombre, la Comisión de Festejos concederá premios a los que mejor y más originalmente adornen e iluminen los frontis de sus casas. Confiando la Comisión de Festejos en que todo el vecindario se preocupará por el adorno e iluminación especial de sus respectivas fachadas, seguramente que La Laguna presentará durante los días de las Fiestas un animado y admirable aspecto”.
