25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: El Ateneo de La Laguna en los albores del siglo XX (IX). Por Julio Torres

El Ateneo en 1912. El 12 de septiembre de 1906 tienen lugar los Juegos Florales acordados por el Centro en el mes de junio anterior. Empezó el acto con la entrega de la “Flor Natura” a Elena de Ascanio y Montemayor, acompañada por los acordes de la Filarmónica de Santa Cruz. Seguidamente, Zerolo leyó la composición poética de Valentín Benedicto, “Las Afortunadas”, que obtuvo el primer premio, siendo seguida por la lectura del resto de composiciones galardonadas, de autores como Diego Crosa, José Hernández Amador, Domingo J. Manrique, Francisco Sánchez Pinto o José Rodríguez Moure, entre otros.
Terminadas estas lecturas ocupó la tribuna del Teatro Viana, en el que se celebraba la fiesta, el mantenedor, Francisco González Díaz, en cuyo discurso puso de relieve la importancia y significación de la fiesta que se celebraba.
Las Fiestas de Arte llegaron a convertirse en uno de los eventos más importantes organizados por el Ateneo. Coincidían con las festividades en honor del Stmo. Cristo de La Laguna y a lo largo de su historia han contado con ponentes de reconocido prestigio en diferentes campos de las artes y la literatura.
Peraza de Ayala (1979: 47-49) describe la Fiesta de Arte celebrada el 12 de septiembre de 1908, dedicada a la Belleza de la Mujer.
“Le precede un concurso del cual se dio a conocer el resultado en una velada, donde es interpretado el himno canario de Nicolás Estévanez con música del director de la Banda Municipal de Las Palmas Bernardino Valle. Ocupan la presidencia de dicha fiesta una corte formada por Pura Pestano, Aurora Cedrés, María Hardinsson y Carmen Cabrera.
A las última notas de una música tenue que había iniciado el acto habló al público Ramón Gil-Roldán “Ese propagador incansable de la libertad”. A continuación leyó unas poesías Crosita, quien termina con las siguientes palabras: “tiene la savia la flor silvestre, tiene el perfume la de salón”.
Digo Costa demuestra sus grandes conocimientos de literatura a pesar de cultivar profesionalmente otras ramas del saber. Dijo que actos como los de aquella noche hacen que el Ateneo cree un arte regional que no tenemos y que contribuiría a formar el nacional.
Eugenia Medina tocó al piano “Claro de Luna” de Beethoven.
R. de Bustamente cantó a su Musa y a la unión de las Islas.
Nestor de la Torre, el barítono de Gran Canaria, cantó, acompañado al piano por Joaquín Abreu, una ópera escogida de Massenet.
Antonio Zerolo leyó los versos de Mercedes Pinto dedicados a la memoria de su padre
Joaquín Estrada Madan dio a conocer una composición titulada “Tipos canarios. La lechera”, de la que es autor.
La segunda parte comienza con la fantasía de Cavallería Rusticana por la Banda Municipal de La Laguna e inmediatamente Luis Rodríguez Figueroa (…) con el trabajo “En honores de la hermosura”.
María Crosa cantó “Bohemia”. Genoveva Escuder la acompañó al piano.
Patricia Estévanez leyó la poesía de Francisco Izquierdo intitulada “A mi Patria”.
José Tabares Barlett canta a su Musa de la que dice “Que ama al débil y no adula alk poderoso”, “ingenua, guanchinesca, gusta más del campo que de los salones”.
Luego sale a la tribuna el eminente grancanario José Franchy y Roca (…). Antonio Zerolo (…) dedica al Ateneo sus poesías.
Luego cantan las niñas de la Academia de Genoveva Escuder y Orfeón del Ateneo. Interviene un quinteto que dirige el maestro Ariz Cia y cantaron la señora Lázaro de Rumeu y las señoritas de Crosa, Benito, Salcedo, Quevedo, García, Bento, Medina, Zamorano, Cabrera y García.
Hace el resumen de la fiesta el presidente del Ateneo, Benito Pérez Armas (…)”.
En el período que nos ocupa (hasta 1915), las Fiestas de Arte continuarán celebrándose cada 12 de septiembre y siempre en el Teatro Viana, con la interrupción del año 1911, que no se organizaron.
Será esta entidad en la que don Antonio Leal, consciente de la repercusión y trascendencia para La Laguna de contar con un coliseo adecuado a su relevancia e importancia histórica y cultural – no en vano, se la denominaba “Atenas de Canarias”- , deposite la responsabilidad de organizar la inauguración del Teatro Leal. No escogió el Ateneo al azar: su declarada proyección regionalista – con vocación de unión entre las islas-, la labor en pro de las ciencias y las artes de sus miembros –muchos de ellos vates de la cultura canaria-, su compromiso con la formación y la divulgación de la cultura, su defensa de la Universidad de San Fernando – como egresados que eran de ésta muchos de sus miembros- así como de la importancia y el papel que históricamente le correspondía a La Laguna fueron los valores que, compartidos por Leal y que motivaron que decidiera edificar el teatro, determinaron la elección del Ateneo.
