Ya vienen los carnavales: Historia del Carnaval en Tenerife (III). El Ritual del Mataculebra de La Laguna. Por Ricardo Fajardo Hernández

Foto de origen desconocido, Mataculebra años 60.
El Mataculebra es una manifestación cultural y ritual que se representó en el carnaval de San Cristobal de La Laguna asiduamente desde antes de los años veinte del siglo XX con una gran aceptación popular. Si bien la ciudad contó con un grupo propio, lo que sostiene el historiador Manuel Lorenzo Perera, probablemente en muchas ocasiones fuera interpretado por un grupo de Puerto de la Cruz que solía ejecutarlo fuera de su entorno habitual o tal vez también por alguno de los grupos de La Orotava. La ciudad se encuentra situada en el noreste de Tenerife a 546 metros sobre el nivel del mar, entre el macizo de Anaga y el Monte de La Esperanza, y el municipio cuenta con 102 kilometros cuadrados y 155.549 habitantes en 2018 (INE). La ciudad contaba en 1920 con 17.650 habitantes y en 1930 con 24.225, decadas de la histórica representación. San Cristobal de La Laguna es Bien Cultural patrimonio de la Humanidad otorgado por la UNESCO desde 1999 y fue fundada entre 1496 y 1497 por el conquistador Alonso Fernández de Lugo.
No son muchas las referencias disponibles sobre esta tradición perdida hace alrededor de un siglo en la que fuera capital de Canarias. Son algunas personas las que han conservado un vago recuerdo o tienen conocimiento por transmisión oral directa.
El mataculebra o matar la culebra tiene origen cubano y viene a representar un grito de libertad de la población negra esclava. Se trataba de comparsas de ayuda mutua, pues se escenificaba por La Habana y otras ciudades con fines recaudatorios para colaborar con los miembros de la comunidad negra cubana. Tras la abolición de la esclavitud siguió representándose pero durante los carnavales. Perdió el sentido inicial y, poco a poco, fue perdiendo protagonismo. Estas comparsas se componían de un número indeterminado de negros vestidos de blanco con calzón y guayabera, cinturón con una espada de madera y sombrero de paja con un clavel, que marchaba por las calles cantando a ritmo de tambor y sonajas. Un mayoral, único blanco del grupo, vestido con capa y portador de un látigo desafiaba a los esclavos a matar una culebra. Uno de los negros, amedrentado, se ofrecía inseguro a acabar con la vida del animal con su espada. Entre ellos se producía un diálogo cantado y acompañado en coro por todos. Una vez muerta la culebra el grupo pedía al público asistente algo de dinero “buenas tardes, señoritos, aquí estamos los negritos, con el sombrero en la mano, a pedir el dinerito, yo les quiero mucho mucho, yo les quiero mucho más, que nos den el dinerito, que nos queremos marchar[1]”. Algunos retornados de la emigración lo trajeron a las Islas y cuajaron en La Orotava (Villa de Abajo y Arriba), Cuesta de La Perdoma, Santa Cruz y La Laguna.

Carnaval de La Laguna 1924. Foto: Archivo Julio Torres.
La ciudad de La Laguna también disfrutó de esta tradición cultural. Lázaro Hernández Gutiérrez[2] nos recuerda las palabras oídas a su tío Domingo Amador García, quien vivió entre 1897 y 1981 en la zona de La Concepción y San Benito al norte de la ciudad. La actividad del carnavalpara los niños de los cuarenta consistía en los juegos de mascaritas y en una conversación sobre los antiguos carnavales de La Laguna salió del recuerdo de Domingo una interesante referencia. «Me decía que, debía ser en los años veinte, cuando salían como matando una culebra en la plaza del doctor Olivera[3], donde estaba la parada del tranvía. Domingo tendría sobre los veinticinco años de edad cuando se realizaba esta celebración carnavalera que tenía su representación por las calles cercanas a su lugar de residencia. Si tomamos la referencia de esta información oral en la segunda mitad de los años cuarenta Lázaro Hernández era un niño de doce o trece años. “Venía como una banda de negros con sombrero y una mujer negra, decían mátalanegra negra».

La zona de la ermita de San Benito en La Laguna en los primeros años del siglo XX. A la derecha la antigua casa de citas «El Parral» y «Las Moneditas», a la izquierda la casa «El Quiquere» y la ermita de San Benito Abad. Al fondo, a la altura de donde se encuentra en la actualidad la calle «Juana la Blanca», las antiguas casas pajizas de San Benito. Foto: Archivo Julio Torres
Es deobservar que el mataculebra de Puerto de la Cruz tenía como intérpretes a hombres, especialmente entre los que recitaban la parte principal. Sin embargo ese recuerdo transmitido señala que “venían del Puerto (de la Cruz),me decía, con una fanfarria”. La descripción que nos dio Lázaro Hernández es bastante concreta. “Llevaban camisetas grandes, chaquetas blancas o guayaberas como cubanos. Él me contaba de los carnavales porque me veía que yo iba a salir de mascarita con mis amigos cuando yo tendría diez o doce años. Tío Domingo era de por ahí, de La Concepción.»
Por otra parte, doña Manuela López Izquierdo[4], nacida en 1906, deja constancia del Mataculebra en La Laguna siendo una niña y, por tanto, coincidiendo con el relato anterior. «Yo era muy niña y ahí donde le dicen Las Moneditas, en la carretera, veía por carnavales un grupo de hombres vestidos de negro, con un taparrabo y unas lonas en chancla, parecían negros de cuba. A mi me daba miedo. Un niño les acompañaba con una culebra verde oscura, grande, que se movía (…). Eran doce negros grandes y el pequeñito trece. Iban diciendo un refrán (…). Venían del Puerto por los carnavales (…)«.
Ambas referencias son una joya de la emisión oral que reflejan la actividad en diferentes situaciones, con diferencias notables, pero que indudablemente constatan el mataculebra en la ciudad de los adelantados.
El rito de matar la culebra reapareció en Aguere en los años ochenta por iniciativa del concejal Tomás Morales pero de forma efímera, pues no hubo continuidad. Señala Elfidio Alonso Quintero[5] que «según testimonios de los más viejos había sido número obligado en el Carnaval de antaño lagunero, tal vez por influencia de Benito y su tropa[6]«. En dicha ocasión se confeccionó «una culebra de once metros de largo por dos de diámetro, hecha con maderas y alambres y recubierta de tela, que pasearon por las principales calles de la ciudad, mientras que la comitiva que la acompañaba iba cantando la antigua letra del calabazón, son, son igual que en Santa Cruz, (…) Calabazón son , son… Mariquilla está mala, ña, ña, ña, / y se fue a la botica, ña, ña, ña/ por unguento volante, ña, ña, ña,/ que le pica, le pica, ña, ña, ña/ Calabazón, son, son…».
La recuperación de este rito en La laguna no cuajó aunque también lo representara la murga Los Piltrafas dirigida por Sixto Cabrera Hernández, en 1985[7], quien había sido artífice de la composición de otras agrupaciones murgueras como Los Desafinados o El Desbarajuste, la cual dirigió en 1970[8]. Sixto Cabrera[9] recuerda como alguno de los componentes de la murga influyó para hacer esas representaciones antiguas del pasado de la ciudad, “entre otros a quién llamaban Ramón el mona, que era de la calle Los Molinos, del que tengo una foto pintado todo de negro que luego ni él mismo se reconocía”. En la escenificación murguera era un domador el que salía con la culebra mientras a coro cantaban “solo el negro vino, la cogió por el rabo, le dio un golpe en la cabeza” y luego con un palo entre todos fingían matar al animal.
El mataculebras de La Laguna es una de las muchas manifestaciones culturales canarias con sentido ritual que se han perdido, en este caso en época de carnavales, como también los citados del Valle de la Orotava, Santa Cruz de Tenerife o Barlovento en La Palma. Otras celebraciones propias del carnaval también nos dejaron, quién sabe si para siempre, en forma de diablos, osos, machos cabríos, toros o carneros.
Ricardo Fajardo Hernández
Suficiencia Investigadora en Antropología por la Universidad de La Laguna
[1]Así recita actualmente el mataculebra de Puerto de la Cruz del Aula de Etnografía de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna.
[2]Información facilitada en febrero de 2010 por don Lázaro Hernández Gutiérrez (La Laguna en 1936).
[3] Allí se situaba la parada del tranvia, era un lugar frecuentado y propicio para su celebreacion.
[4]Lorenzo Perera, M. Matar la culebra: una tradición canaria de origen afro-cubano, CCPC 1997:144.
[5]Estudios sobre el folclore canario, página 45.
[6]Se refiere al personaje que dramatizó el mataculebra en Santa Cruz de Tenerife.
[7]Información aparecida en el periódico El Día, 06/03/1985.
[8]Ramón Guimerá. Murgas en el Recuerdo. http://eldia.es/santacruz/2005-01-24/22-Desbarajuste.htm.
[9]Información facilitada por Sixto Cabrera Hernández (La Laguna, 1943) en septiembre de 2019.
