El Mercado de La Laguna con la cocina de otoño: Bacalao con tomate

El bacalao es uno de los pescados más consumidos en España, sobre todo en la meseta y la cornisa cantábrica, algo que no deja de ser paradójico, teniendo en cuenta que proviene de caladeros situados a cientos de kilómetros de distancia. Pero su historia es, quizás, el mejor ejemplo de cómo actividades como el comercio o la religión, ‘a priori’ ajenas a nuestro sustento alimenticio, pueden configurar de forma decisiva la dieta de una población.
El bacalao se empezó a popularizar en el actual Portugal en el siglo X, cuando los vikingos, tras varios intentos infructuosos de invadir la península, optaron por comerciar con los lusitanos, cambiando el bacalao por sal. Pronto los pescadores portugueses, vascos y cántabros se aventuraron hasta Escocia, Islandia e, incluso Terranova, cuyo nombre original es, de hecho, ‘Terra Nova dos Bacalhaus’, denominación que le dieron nuestro vecinos en el siglo XV, tras establecer varias colonias de pecadores.
Hoy una receta sencilla y sana
Ingredientes:
400 g de bacalao en salazón de la parte “gorda”
2 cebollas
2 dientes de ajo
3 tomates de fritura
1 ramita de perejil
Aceite de oliva
Muy poca sal
Pimienta al gusto
Manos a la Obra
Escurrir el bacalao puesto en remojo el día anterior, al cual se le ha debido de ir cambiando el agua cada 8 horas.
Poner agua a hervir y escaldar brevemente el pescado para poder quitarle bien la piel, las espinas y trocearlo en tiras anchitas.
Freír en aceite las cebollas bien picaditas y, antes de que se doren, añadirles el tomate y el perejil, también bien picados. Salpimentar muy levemente en el caso de la sal porque luego el bacalao se pasa de sal.
Pasar el sofrito de tomate por la batidora. Por otro lado, se machacan bien los ajos y se sofríen en aceite, en una cazuela de barro. Incorporar el pescado y, antes de que tome color, agregar la salsa de tomate. Dejar cocinarse unos minutos, añadiendo agua o vino blanco si redujera demasiado líquido.
