MANUELA MARRERO, IN MEMORIAM

Fernando Clavijo Batlle
Alcalde de San Cristóbal de La Laguna

 

Asistentes a lecciones libres de Esperanto en el curso 1946-47, 2º cuatrimestre. De pie, de izq. a dcha.: Jacinto Alzola, Carmen García, Felipe González Vicens, Jesús Maynar (ex Rector de la Universidad de La Laguna 1935-36), Maria de Maynar, Carmen Rodríguez de Régulo Pérez, .D. Angel Pombrol Hernández, Manuela Marrero, y D.  Sentados, de izq. a dcha.: Elías Serra Rafols, Juan Régulo Pérez (profesor) y Julián Peña. (Foto: Agustín Guerra Molina). Nota; D. Angel Pombrol Hernández, gran esperantista y uno de los pioneros en la isla, formó parte de la directiva del Grupo Esperantista de La Laguna. Fué gran maestro y muchos años de la Preparatoria del Instituto Cabrera Pinto. 

 

Porque el tiempo es inexorable y no sabe de genios, ni de figuras, en La Laguna acabamos de perder a una de nuestras personalidades más notables y brillantes: doña Manuela Marrero Rodríguez. Una mujer sabia, una mente preclara y adelantada a su tiempo que fue capaz de conseguir las más altas cotas de prestigio dentro y fuera de la Isla.

Contaba nuestra también insigne María Rosa Alonso, que cuando fallecieron los profesores Elías Serra Ráfols y Leopoldo de la Rosa, se echó a temblar, no solo por la desaparición de ambos, sino pensando en la suerte que correría la publicación de las fuentes documentales de nuestra historia. Sin embargo, ese miedo se mitigó al comprobar cómo Manuela Marrero daba continuidad a esa “admirable labor paleográfica”, siguiendo la senda que habían trazado Serra y de la Rosa y creando, a su vez, una escuela que le sobrevivirá, esperemos que muchos años.

Precisamente, María Rosa Alonso dio clases particulares, en su domicilio de la calle San Agustín, a Manuela Marrero y a otras alumnas que se presentaban al examen de reválida. Y no debe ser casualidad que ambas mujeres hayan sido tan determinantes en la historia reciente de esta ciudad centenaria, en la que desarrollaron una labor que, ahora que ellas no están, quedará para los siglos.

Doña Manuela Marrero fue una mujer tímida y alejada del boato y del ojo público. Cronista oficial de La Laguna desde 1988, todo su afán era trabajar en los miles de documentos que gracias a su labor, sirven para que comprendamos nuestra historia y, sabiendo de dónde venimos, encontremos el mejor camino hacia el futuro.

 

Sin embargo, a pesar de la sencillez de la que siempre hizo gala, fue una auténtica personalidad en el ámbito de la investigación histórica y de la docencia de las Islas; un referente inexcusable para todos aquellos que se acerquen a la historia de nuestro Archipiélago y, particularmente, a la de La Laguna.

Afortunadamente, en vida, Manuela Marrero recibió varios homenajes y galardones, como el título de Hija Predilecta de San Cristóbal de La Laguna, en el año 2002,  el Premio Canarias, en la modalidad de Patrimonio Histórico en 2005 y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo concedida por el Estado en 2009.

Sin duda, todos ellos más que merecidos porque su labor profesional, por extensa y relevante, es digna de ser tenida en cuenta.

Y, sin embargo, no hay galardón ni medalla que pueda devolver el intenso trabajo que hizo por ahondar en las raíces de esta tierra y en la construcción de nuestra identidad.

Hace unos años, en una visita a su casa, con ese carácter franco y directo del que siempre hizo gala, nos reprendía por no haber acabado de leer su última obra publicada y nos animaba a hacerlo.

Ese día le expresamos nuestro respeto y consideración por su trabajo, por su labor docente, por una manera de trabajar y vivir que no son frecuentes en estos tiempos y que, sin embargo, son las que ayudan a avanzar a los pueblos.

Vayan desde estas letras la admiración y el respeto de toda la Corporación y del pueblo de La Laguna, para la doctora y catedrática emérita de Paleografía y Diplomática. Para la profesora incombustible y para la investigadora prolífica y minuciosa. Pero, sobre todo, para la mujer sabia, generosa y adelantada a su tiempo que fue doña Manuela Marrero Rodríguez. Descanse en paz.

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