Ya asoma San Andrés y es por ello que hablamos de los vinos de Tenerife y los viajeros (II). Por Julio Torres

En el siglo XVIII la variedad de nuestros vinos se había reducido a dos, si bien se había diversificado la calidad del Malvasía, tal y como recoge el astrónomo y naturalista Louis Feuillée (1724):

“Las principales riquezas de las Islas Canarias proceden de las buenas cosechas de vino que allí se hacen. Los hay de dos clases: Malvasía y Vino Seco. La Malvasía se divide en dos, de primera y de segunda. Los ingleses comercian con la primera, que es la más delicada y agradable al paladar. Los hamburgueses y los holandeses comercian con la segunda, que no tiene la dulzura y la delicadeza de la primera.

Los Vinos Secos son apreciado por los que realizan largos viaje. Estos vinos no se estropean nunca por muchas tempestades que haya en el mar”.

En similares términos se pronuncia André Pierre Ledru, quien visitó Tenerife en misión científica en 1796: “En Tenerife se hacen dos clases de vino, el Malvasía y el Vidueño. El primero (…) se hace con el racimo que se deja en la cepa de pués de haber madurado, para que esté tostado y agostado por el sol.

Es azucarado, agradable al gusto y se conserva mucho tiempo. Antiguamente los ingleses lo exportaban en gran cantidad. Hoy en día los propietarios lo hacen sólo para su uso (…) El Vidueño, extraído de una uva grande que da un licor fuerte y espiritoso, se prepara siguiendo el método habitual en Europa”. Obsérvese que sesenta año después del comentario de Feuillée ya había desaparecido el comercio inglés del vino en Canarias.

Precisamente es en Ledru donde hallamos una extensa descripción del método de cultivo: “Todo los años se les dan cinco labores:
1ª, en noviembre y diciembre se remueve profundamente la tierra preparándola para recibir las lluvias de enero y para hacer morir las malas hierbas; el uso del estiércol es desconocido.

2ª, se las poda en febrero, para fijar la savia en la buenas cepas; este trabajo se hace en enero si los vientos del sur han reinado anteriormente, porque ellos aceleran el desarrollo de los brotes.

3ª, inmediatamente después de esta última operación se ata la vid a los emparrados, que tienen metro y medio de altura, y se sujetan los sarmientos que deben dar la fruta, con el fin de darles un apoyo sólido contra los vientos.

4ª, en mayo se sacha cuidadosamente la viña y se limpia de todas las plantas parásitas que consumen una parte del zumo y le proporcionan una enfermedad conocida en Francia con el nombre de tiña.

5ª, la última operación consiste en aclarar las filas y extender las ramas, disponiéndolas de forma que todas gocen de la acción vivifican te del sol.

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