Recuerdos de Carnaval: Las lecheras del Largui, pioneras de la parodia. Por Julio Torres

De mi libro «La Laguna, siglos de Carnaval»

Fernando Álvarez Martín, más conocido por «el Largui», disponía de un amplio surtido de disfraces, sin duda alguna el más variado de los carnavales laguneros de los años 60. Ahí van algunos ejemplos…

Aparecía por la calle de la Carrera disfrazado de «Miss Vatán», como rezaba la cinta que lucía, subido a su inseparable burro y acompañado de Eduardo Núñez «el Porreto». A pesar de la prohibición y el subsiguiente cabreo de sus propietarios, entraban con el burro al «Bar Carrera» y al «Brasilia». En el Leal sí eran bien recibidos por el gerente en aquella época, Feliciano Torres, con la salvedad de que el burro debía calzar lonas.

La misma pareja se hizo célebre disfrazándose de lechera, «el Largui», y campesino, «el Porreto». Causó tanta sensación este disfraz, que la pareja creció, formando un grupo, tal y como solían bajar las lecheras desde La Esperanza para hacer el reparto. Para caracterizar a los personajes y su indumentaria –incluidas las medias negras atadas bajo la rodilla con un trozo de hilo de bala–, visitaban la zona de Los Molinos, en La Laguna, donde las lecheras se reunían. Allí se fijaban hasta en sus palabras dislocadas y en su modo de hablar. Entablaron tanta confianza que llegaron a regarles sus viejos lecheros y cestas; en una de ellas, «el Largui» llegó a portar un gallo, de los de verdad, no de attrezzo, con el que compartía «brebaje» mientras descansaba.

Las famosas «lecheras del Carnaval de Tenerife», como se las conoció, eran: Fernando Álvarez Martín «el Largui», Andrés Avero, Antonio Álvarez Cebrero «Antoñito Caridad» y Daniel Expósito «Penei», entre otros miembros ocasionales –no todo el mundo les aguantaba el ritmo.

Me contó «el Largui» la algarabía que montaron las lecheras aquel día que se presentaron disfrazados como tales a la reunión que hacían en Los Molinos. Una de las más veteranas gritaba sin parar de reír: « ¡Qué sempáticas! ¡Vaigan pa’ que las vean en Santa Cruz!», expresión que se convirtió en el grito de guerra del grupo.

En otra ocasión, «el Largui» y «Penei» convencieron a un miembro de la Banda Municipal, extremadamente bajo, para disfrazarlo de bebé. «El Largui» y «Penei», la señora y la niñera respectivamente, se pasearon por todos los actos del Carnaval, con su bebé en la andadora, que no paraba de tomar biberones…de vino.

Otro éxito fue el grupo de veraneantes. Enfundados en bañadores enterizos de principios del siglo XX, con flotadores de corcho, hamacas de madera y loneta de rayas…y todos los accesorios necesarios de los bañistas, tomaron sol y whisky en todas las céntricas calles y plazas de La Laguna y Santa Cruz.

Más tarde, «el Largui» formó pareja con Wences, cuya altura apenas sobrepasaba la cintura de aquel. Formaron la característica pareja de novios integrada por una sirvienta, «el Largui», y un recluta, Wences. Además del típico uniforme negro con delantal blanco y cofia, «el Largui» lucía una marcada tripa de embarazada. De esta guisa, escenificaban el famoso paseo del servicio de las casas adineradas, conocido como «el paseo de los jueves».

Uno de los últimos grupos que formó se disfrazó de flamenca para acudir a la Feria. Además del propio «Largui», el alma mater, ese año destacó Pedro Ramallo « el Celebro» [sic], por entonces recién llegado de Holanda…

Durante toda su vida, especialmente la carnavalera, «el Largui» ha sido un gran «instrumentista» de la sandunga, ese instrumento musical parrandero de fabricación rústica, que se hace con un palo al que se unen dos más pequeños colocados transversalmente y una lata de aceite vacía a modo de caja de resonancia; en los dos soportes atravesados se clava un puñado de chapas aplastadas que hacen de sonajero.

Para hacerla sonar, con la mano izquierda se sube y baja la sandunga, golpeando el mástil contra el suelo, al tiempo que con un palo –baqueta– en la mano derecha se golpea en la lata de aceite o sobre las cuerdas de alambre. Simple, muy simple aparentemente, pero hay que hacer un movimiento diferente con cada mano: La izquierda sube y baja, y la derecha se mueve en horizontal. Además, «el Largui» cantaba simultáneamente temas como el pasodoble «La Pelota de carey»…

En definitiva, dada su pericia, podemos decir que «el Largui» es un gran sandunguero.

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