Pregón de las Fiestas y Romería Regional de San Benito Abad. La Laguna 2023 (y III). Por José Manuel Ramos

El resto es historia
¿Cuántas coplas a San Benito? y si no a San Benito, ¿Cuántas coplas se han creado bajo su auspicio con motivo del certamen de la Espiga de Oro? ¿Cuántos nombres detrás de las coplas?, porque Manuel Machado escribió en su poema, precisamente titulado La Copla, eso de Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor. /Tal es la gloria, Guillén, / de los que escriben cantares / oír decir a la gente / que no los ha escrito nadie. Procura tú que tus coplas / vayan al pueblo a parar, / aunque dejen de ser tuyas / para ser de los demás.
A este poema, el cantautor argentino Atahualpa Yupanqui le añadió: Que, al volcar el corazón / en el alma popular, / lo que se pierde de fama / se gana de eternidad. O también Pedro Lezcano, cuando dijo: Que no me pida licencia / quién quiera cantar mis versos / mis palabras son de todos, / si no ¿para qué las quiero? / Me pertenecen mis manos, / que se irán conmigo al cielo / pero mi voz ¡que se quede / sonando en labios ajenos! / De ustedes es la canción / de la que yo soy un eco, / al pueblo van mis palabras / porque vinieron del pueblo. / ¿Qué más inmortalidad / que un grupo de compañeros / haga resonar mi voz / cuando yo esté en el silencio?
Pero claro, en un sentimiento romántico, vale, pero yo ¡Quería saber! Y supe, no todo lo que habría querido, pero se cumplieron objetivos. Incluso, buscando información para San Benito, conocí la autoría de una copla que se ha convertido en casi una plegaria: Su autor, Rafael Hardisson, la escribió en 1927: Al Cristo de La Laguna / mis penas le conté yo / sus labios no se movieron / y sin embargo me habló. Luego comprobé que su nombre figuraba en el librito de coplas, como secretario del acta del jurado. Hardisson fue un músico, compositor, conferenciante, empresario, fundador y profesor del Conservatorio de Música de Santa Cruz de Tenerife y gran amante de la música tradicional, que firmaba sus escritos con el pseudónimo de Amaro Lefranc. Autor de muchas coplas, hoy populares.
Mira, Juana, que al templete
va acercándose el Señor.
cuidado no te chamusque
las greñas un volador
Dejas a tu novia
por irte a la lucha…
¡No tienes vergüenza
ni poca, ni mucha!
Ese concurso Espiga de Oro tenía su fiesta también, en forma de recital en el que parrandas, agrupaciones folklóricas e invitados, cantaban las coplas premiadas y que se llamó Fiesta de la copla, celebrándose en el Teatro Leal de La Laguna. Enumerar quiénes fueron los encargados de cantar las coplas premiadas durante esos años de leyenda, sería interminable, o como poco, incompleto, pues las crónicas y escritos son más bien escuetos en su información. Echando un vistazo a los periódicos de 1952, año del primer concurso, el del librito protagonista de este nuestro pregón, dice que las coplas fueron cantadas por Los Huaracheros, conjunto que interviene en muchas de las ediciones posteriores y la Rondalla San Benito. En el del año 1959, se habla de la Actuación de Carmelita Díaz, el Trío Los Tamarindos, La Capilla Palestrina, formación coral lagunera dirigida por el inolvidable Padre Adán, recordado como el cura guapo y Luisa Machado con Ángel Álvarez y su hijo José Juan. En el programa del año 1960, anuncia la actuación del “afamado cantante de aires regionales don Sebastián Ramos”. El díptico anunciador del año 1961, en su programa individual (teniendo en cuenta el fervor y seguimiento que con los años fue adquiriendo la Fiesta de la Copla, gozó de información singular, encabezada por dibujos del gran Juan Galarza, por ejemplo), habla de una primera y segunda parte, jalonada de intervenciones de la Banda de Música, la Coral Primavera (con obras del anteriormente citado Rafael Hardisson y T. Power), el Orfeón La Paz, una disertación literaria y del canto de las coplas premiadas, por el Conjunto Acaymo, con la colaboración de la Sta. Olga Ramos. En fin, una lista interminable de agrupaciones, en las que sus cantadores lo hacían a San Benito en coplas a forma de ruego, buscando su protección y benevolencia.
Padre mío, San Benito,
patrón de los labradores
acaba con la lagarta
y dame papas mayores
Yo he venido a la fiesta
de San Benito
con dos vacas lecheras
y un becerrito
Le pregunto a San Benito,
que es nuestro santo patrón,
si tu pensamiento es mío
y tuyo mi corazón.
Viva Dios, Viva la Virgen
y San Benito Patrón,
que hoy es día de romería
¡Viva la Fiesta Mayor!
Y tras este viaje de aprendizaje y sorpresas, me sentí un privilegiado, volví a esos años de la primera juventud, en la que escuchaba a los cantadores de mi pueblo, poseedores de esa verdad a la hora de cantar y que despertaron mi interés por seguir sus pasos y enseñanzas. Y volví al librito, volví a releerlo, a emocionarme, a pensar en un viaje en el tiempo y tropezarme por La Carrera al sacerdote Sebastián Padrón Acosta, autor del premio Espiga de Oro a la mejor copla de ese primer concurso del año 1952: Si subes a La Laguna / entra en El Cristo a rezar, / para que Dios te perdone / lo que me has hecho llorar. O a Enrique Maffiotte, autor de las coplas adjudicadas con los dos primeros premios, denominados Medalla de Oro del Cabildo insular de Tenerife: La vida de una mujer / en dos coplas se encerró; primero en unas folías, después en el arrorró. Y la segunda, que sí he oído cantar: Tus ojos dicen quereres, / tus labios dicen enojos. / ¡qué distintos pareceres / de tus labios y tus ojos!
Algunas, no obtuvieron primer premio, pero ¿Puede alguien excluir de la historia a esas no premiadas con la Espiga de Oro, como aquella que dice: Las folías las creó / un canario que, de niño, / sin hogar y sin cariño, / por una madre lloró. de Manuel Perdomo Alfonso, o la de Canta y se ríe la isa, / la malagueña enamora, / pero un canto de Folías / canta, ríe, besa y llora, también del premiado Enrique Maffiotte?
El libro tiene también una parte final en la que enumera el resto de coplas presentadas al concurso e incluso ahí, hay coplas para la eternidad:
La noche del Viernes Santo
brilla más clara la luna
para alumbrarle el camino
al Cristo de La Laguna.
Cuando la copla canaria
del primer pecho brotó,
hasta la mar se detuvo
para escucharla mejor.
Sólo me resta, desear larga vida a la copla y otros 76 años a la Romería de San Benito Abad.
¡Viva San Benito! ¡Viva su Romería! ¡Y Viva La Laguna!
