Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2021 (I). Por José Gómez Soliño

Todavía no han trascurrido 24 horas desde que hemos dejado atrás la pausa de agosto, y ya La Laguna ha recobrado su habitual dinamismo ciudadano, incrementado en los próximos días por un creciente ambiente festivo, del cual ya la ecuestre mensajera nos advirtió el pasado viernes. Antes de que el verano concluya y el otoño nos vaya llenando de melancolía, los laguneros disfrutamos de nuestras fiestas mayores, y con ellas celebramos la vida, celebramos aquello que hace de nosotros una comunidad singular,celebramos el legado de quienes nos precedieron y el valor de las tradiciones recibidas, y miramos esperanzados hacia un futuro que imaginamos prometedor.Que esto es así, queda evidenciado por la figura central bajo cuya advocación religiosa celebramos nuestras fiestas de septiembre: el Cristo de La Laguna.
Tallado en Flandes hacia el año 1514, es decir cuando aún no habían pasado 20 años desde la fundación de La Laguna, esta icónica figura ha ido vertebrando los anhelos de los laguneros a través de su historia. Hace ya 400 años que un poeta de esta ciudad dejo escrito que el Cristo de La Laguna y la Virgen de Candelaria constituyen el sol y la luna de Canarias. Si el sol alumbra y da calor a nuestros días, la luna ofrece brillo y esperanza a nuestras noches, proporcionándonos ambos el punto de apoyo necesario, sin el cualnuestras vidas carecerían de orientación. Los poetas comparan ambos astros con el oro y la plata, metales nobles que confieren valor a todo cuanto con ellos se asocia.
Este año, como también el anterior, nuestras fiestas mayores están afectadas por un acontecimiento luctuoso que no vamos a olvidar mientras vivamos. Como en otras ocasiones en el pasado, una pandemia inesperada se ha abatido sobre nosotros aportando inseguridad, incertidumbre e inclemencia a nuestras vidas. Todos hemos sido golpeados, pero no todos con la misma intensidad. Nuestros mayores y los sectores menos pudientes de la población han sido quienes más han sufrido las nefastas consecuencias de todo tipo derivadas del azote pandémico. Algún día habrá que extraer las lecciones de este penoso proceso para estar mejor preparados en todos los aspectos frente a futuras epidemias. Pero creo que los valores fundamentales en tiempos pandémicos como los actuales fueron ya señalados por Luis Pasteur, héroe de la lucha contra las peligrosas bacterias. Quienes visiten el Museo Pasteur de Paris, no podrán abandonarlo sin rendir homenaje a este insigne bacteriólogo visitando su tumba que se encuentraen una cripta en forma de capilla bizantina, situada en el sótano del edificio donde vivió, trabajó y murió. En la antesala de esa cripta, en lo alto de sus cuatro esquinas, se encuentran estas cuatro palabras, que Pasteur sin duda consideraba claves como actitudes fundamentales en la lucha contra las enfermedades infecciosas: fe, esperanza, caridad,ciencia.
Hay varias formas de interpretar este mensaje que Pasteur nos legó como lección fundamental para el futuro.Podemos interpretarlas como una propuesta de que las pandemias se superan con una combinación de religión y ciencia o, como reza el refrán, «a Dios rogando y con el mazo dando».Al fin y al cabo, entonces como hoy, no faltaban quienes pensaban que las enfermedades infecciosas eran un castigo divino aplicado a una humanidad descarriada. Pero esas palabras admiten también una lectura actualizada. Pues, ¿Se puede superar una pandemia si no tenemos la determinación de vencerla? Si nos falta confianza en las instituciones y en nosotros mismos, ¿Podemos esperar dejar atrás los efectos catastróficos de un ataque vírico masivo? ¿Y pueden las terribles consecuencias sociales y personales de las pandemias ser superadas o al menos sobrellevadas sin solidaridad entre las personas y las comunidades? Finalmente, a la altura de los tiempos que corren, ¿cabe luchar eficazmente contra los perniciosos efectos de virus y bacterias sin el recurso a las soluciones que nos ofrece la ciencia? Así pues, los términos determinación, confianza ysolidaridad, son otra forma, secular esta vez, de expresar las tradicionales virtudes teologales fe, esperanza y caridad. Pero en todo caso, en cualquiera de las dos versiones, está claro que, sin el apoyo que nos ofrece la ciencia, se torna harto difícil superar una pandemia con un mínimo costo en vidas y dolor humano.
