Nuestra Señora del Rosario

La bella imagen de Nuestra Señora del Rosario de La Laguna recientemente y acertadamente restaurada.

Juan Pedro Rivero González
Párroco de Santo Domingo de Guzmán, La Laguna

Gozo, dolor, luz y gloria…

Las advocaciones de María, la Madre de Jesús, Nuestro Señor, son muchas. Unas responden a momentos especiales de la vida de su Hijo o del acontecimiento de Salvación, otras acogen aspectos bíblicos o, incluso, en ocasiones asumen el nombre de un lugar geográfico particular. En nuestro caso llamamos a María con la advocación que la vincula a una tradicional oración del pueblo de Dios: la oración del Santo Rosario. De esta manera, la titular de nuestra Parroquia de Santo Domingo de Guzmán y de la Venerable Hermandad que lleva su nombre es Nuestra Sra. del Rosario. No cabe duda de la importancia que tuvieron los Padres Dominicos en este templo y en su Convento aledaño desde el siglo XVI.

El Papa Juan Pablo II completó los misterios del Rosario de manera que en la oración diaria pudiéramos meditar aquellos momentos de la vida de Jesús en el Evangelio incorporando los momentos de gozo, de dolor y de gloria, y completado por los luminosos de la vida pública de Jesús de Nazaret. En todos los momentos de la vida de Cristo, de una manera discreta, pero fundamental, siempre encontramos a su Madre. Por eso, con toda razón, ella está presente en todos los misterios del Rosario. Por eso la llamamos Ntra. Sra. del Rosario.

Cada 7 de octubre, en la primera semana del llamado mes del Rosario, celebramos su Fiesta. En nuestra Parroquia de Santo Domingo de Guzmán cuidamos especialmente este día. Es nuestra Fiesta, porque es la memoria de la Madre. Si cabe mayor solemnidad que la debida por la importancia de su patrocinio, este año queremos festejarlo de manera especial porque hemos logrado, con la ayuda de su Venerable Hermandad y de la comunidad parroquial, la restauración de su imagen después de aquel fatal incendio que dañó su rostro de manera grave. El Sr. Obispo ha querido bendecir en la Catedral dicha restauración y ofrecernos la oportunidad de traerla en procesión el próximo 30 de septiembre. En las páginas siguientes podemos conocer el programa detallado de los actos preparados al respecto.

Pero lo más importante siempre es su presencia en la vida de los discípulos de Jesús; su presencia en nuestra vida, como modelo e intercesora, como Madre y testigo del Evangelio. Ella cuida y sostiene a quienes seguimos a Jesús para alcanzar al Dios de la vida y del gozo. Hay un misterioso vínculo metafórico entre nuestra vida y el Rosario:

Todos experimentamos momentos de gozo extraordinario, así como de dolor extremo. Seguimos a Jesús en los unos y en los otros. Él nos acompaña en todos los momentos de nuestra vida. Y siempre ella nos sostiene tiernamente. Todos experimentos que la vida ofrece momentos de luz y de oscuridad. También en ellos la Madre nos sostiene. Ella es madre de la esperanza, porque nos ofrece la certeza de que estamos soñados por Dios para la alegría eterna, para la Gloria y la Salvación. Y ella, entonces, también estará a nuestro lado.

La vida es como un Rosario, y siempre ella es la Señora de nuestra Vida. Nos enseña a cuidar a los demás, a escuchar a todos, a tener paciencia y perseverar, a sentir la empatía de compartir los gozos y zozobras de los demás. En el rosario de nuestra vida, ella es Señora. Es nuestra Madre del Cielo.

Que la fiesta se convierta en vida, y el rosario de nuestra vida, estos próximos días, se conviertan en fiesta.

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