LA SANIDAD NO PUEDE SEGUIR ASÍ
Carlos García.
Médico. Intersindical Canaria
No parece posible que los servicios sanitarios de los ciudadanos puedan seguir de la forma tan precaria, negativa y bochornosa. No en un estado moderno y de derecho que mantienen los habitantes con sus impuestos y aportaciones a la hacienda pública. El colapso existente y la falta de ofertas a lo que se demanda, no puede seguir aumentando. Hay que ponerle freno y detener el deterioro de la salud de las personas que requieren un servicio básico para que el resto de la economía social funcione. Sin salud nada funciona. Porque la sangría económica y del trabajo que supone mantener a poblaciones enfermas sin resolver, no hay economía que la aguante.
Si los mensajes que nos dictan los gobernantes van en la dirección de aumentar la productividad laboral, de trabajar más, a pesar de que nos pagan menos y aumentan nuestras jornadas, no se entiende como se permite mantener durante meses y años, a un grupo de personas con capacidades laborales, por culpa de una enfermedad o lesión durante largos periodos de inoperatividad, de bajas laborales, consumiendo medicamentos, realizándose, una y otra vez, pruebas diagnósticas que se vencen, por obsoletas al transcurrir el tiempo, en vez de asumir el tratamiento requerido e incorporar de manera rápida a los trabajadores a sus puestos de trabajo. Junto, además, de las indemnizaciones que deben cubrir las Mutuas o los Seguros por esta falta de inmediatez en los tratamientos o pruebas a realizar. Es insostenible.
Hay que lograr un pacto inmediato entre todas las fuerzas políticas, responsables de la salud de los individuos, con todos los agentes sociales y laborales sanitarios. Porque no solo se trata de disponer y publicar decretos y leyes dirigidos en contra de los trabajadores, con aumentos de jornadas, con limitación de sus sueldos, con rebajas salariales o retiradas de pagas extraordinarias o con bloqueos de convenios laborales vigentes. Esa no es la dirección a tomar.
Hay que sentarse a razonar y racionalizar lo que ocurre, intentando gestionar de otra manera lo que lleva fracasando durante mucho tiempo. Porque muchos sabemos cuales son las soluciones a aplicar pero parece que no interesan ponerlas en práctica. Lo sabemos los profesionales sanitarios, lo saben las organizaciones médicas y de enfermería, las sociedades científicas y las asociaciones de usuarios, lo saben los propios políticos. Pero… ¿por qué entonces no se ponen en marcha? Y aquí es cuando salen a relucir los intereses creados, los negocios económicos, el enriquecimiento a costa de la salud, que no permiten el desarrollo social de la sanidad pública como bien común de todos y para todos.
En los centros públicos hay que lograr una mayor productividad de sus trabajadores. Hay que optimizar los recursos existentes, utilizar lo creado y que se tiene, mantener operativos los hospitales y centros sanitarios, dinamizar sus posibilidades para aumentar sus objetivos; y luego, cuando estos se logren, disponer del resto de centros concertados y complementarios para dar respuesta y salida a las demandas de los pacientes. De esta manera será posible rebajar las listas de espera, quirúrgicas y de pruebas diagnósticas, de agilizar los tiempos para consultas especializadas, mejorar el servicio ofrecido. Lo contrario, favorecer al negocio privado, con afán de lucro económico, externalizando los servicios, derivando a centros privados a los enfermos sin lograr poner a producir al máximo lo público, demuestra y ha demostrado a lo largo de los años, que el sistema fracasa; centros privados que florecen gracias a la financiación del sector público mientras este fracasa.
Entre los trabajadores sanitarios públicos existe la convicción de que nuestro trabajo está minimizado y parece interesar más, a los gerentes y directores de los centros, el control horario y el fichaje de horas presenciales que el trabajo desarrollado con calidad y en cantidad. Es el subyugo laboral al que nos tienen sometidos absurdamente desde hace décadas a los empleados públicos.
Podemos desde la sanidad pública ser más eficientes y productivos de lo que somos. Solo hace falta buenos gestores que lo pongan en marcha y lo logren.
