«Guanches: momias y huesos. ¿una cuestión de clase?», por Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín (I)

Momia guanche producto de la momificación artificial y pertenece a un varón. Es una de las más antiguas que se conservan.

Introducción

En antropología biológica, arqueología y estudios sobre colonización y poblamiento de diversos tipos de territorio, las islas están consideradas como auténticos laboratorios para los análisis de adaptación, en general, pero muy especialmente en lo concerniente a la adaptación de grupos humanos a un nuevo y diferente ambiente con menos recursos que la fuente de población original. Ello es debido a que la colonización de nichos insulares (normalmente de tamaño mucho más reducido y, por tanto, más controlable y manejable que áreas continentales) implica necesariamente, y no es redundancia, el aislamiento de la población que, en el mejor de los casos, mantendrá contactos más o menos esporádicos con el continente o con islas mayores que sirvieron como puerto de partida para aportar más población, elementos básicos para la subsistencia, ganado y animales de granja o para recoger productos explotados en esos territorios insulares (como es el caso del islote de Lobos, en el norte de Fuerteventura, y su factoría romana de púrpura en torno a la Era Cristiana). En otros casos las islas permanecieron durante muchos años o incluso siglos sin ningún contacto con el exterior, como es el caso de la isla de Pascua, perteneciente a Chile, en el Océano Pacífico.

Este grupo de fenómenos adaptativos se observan en muchos lugares del planeta y tienen consecuencias más o menos rápidas para la población, tanto a nivel cultural como biológico. A nivel cultural se producen cambios de relación y en la cohesión del grupo, modificaciones en algunas creencias religiosas con sus distintas manifestaciones, etc y a nivel biológico existen efectos causados por la deriva genética, fenómenos de adaptación a un nuevo ambiente y aparición de marcadores genéticos de tipo local que pueden perdurar en el tiempo.

Por lo que respecta a Canarias, la colonización y asentamiento de poblaciones humanas en ellas es el resultado final de un amplio proceso de colonización y explotación económica del Mediterráneo Occidental durante varios siglos antes de la EC. Cuando este proceso terminó en torno a nuestra Era, el archipiélago quedó aislado de esas culturas hasta el redescubrimiento por parte de los árabes en el siglo XI y, ya unos pocos siglos después, con la conquista europea a comienzos del siglo XV. Durante esa larga etapa prácticamente no mantuvo ningún contacto con el exterior y, a pesar de ello, llama poderosamente la atención que las siete islas mayores estuvieran pobladas y fueran capaces de mantener su población durante tantos siglos independientemente de su tamaño, recursos y características geográficas. Este no es el caso de muchas poblaciones insulares del Pacífico, por ejemplo, donde las islas menores solo se ocupaban estacionalmente o, simplemente, se abandonaban para siempre al carecer, en la mayoría de los casos, de los recursos que podrían ofrecer las de mayor tamaño. Este hecho motivó que, dentro de un patrón similar por tener un origen común en las culturas del norte de África, cada isla de nuestro archipiélago desarrollara su propio «pequeño mundo». No es de extrañar pues que en alguna isla se desarrollaran manifestaciones culturales, como la propia MOMIFICACIÓN, que en principio no existían en los territorios de origen y que se pusieron en práctica a lo largo de esas centurias.

Canarias y la momificación

La momificación antropogénica – aquella en la que interviene el hombre para evitar la putrefacción cadavérica y conseguir que el difunto conserve su apariencia del modo más parecido posible a como era en vida – es un hecho común a muchas culturas del planeta: desde las Islas Aleutianas en el Pacífico Norte hasta Australia y Melanesia en el Hemisferio Sur y desde Egipto hasta los Andes y las playas chilenas de Chinchorro, existen momias que han llegado hasta nuestros días gracias a la práctica de diferentes tipos de métodos de conservación del cadáver. Canarias, especialmente Tenerife, no fue una excepción.

Desde que fueran descubiertas a raíz de la conquista europea del siglo XV y dadas a conocer por los distintos autores de los siglos XVI y posteriores, las momias guanches fueron descritas, comparadas con las egipcias – como casi siempre se hacía en cualquier lugar del mundo – y siempre alabadas por su excelente estado de conservación. Así, el médico inglés Thomas Nichols (el primero en hablar de ellas en profundidad en su A Pleasant description of the Fortunate Islands, 1526), el ingeniero italiano Leonardo Torriani (1591) o los sacerdotes españoles Fray Alonso de Espinosa (1594) y Fray Juan de Abreu Galindo (1602) detallaron los hallazgos de las mismas y en ellos y otros autores posteriores, como el propio José de Viera y Clavijo (1776), se basaron los demás investigadores hasta finales del siglo pasado cuando se comenzaron a realizar análisis sistemáticos con metodología científica y tecnología punta sobre nuestras famosas momias.

Siempre se ha hablado de las momias canarias como si en todas las islas existieran estas valiosísimas manifestaciones culturales de nuestro pasado indígena y como si el método de momificación practicado hubiera sido igual en todas. La realidad bien sabemos hoy que no es así. En Canarias no todas las islas presentan momias: en Lanzarote y Fuerteventura no se ha observado ninguna; en La Gomera y El Hierro no hay datos fiables al respecto, tan solo algunas referencias no contratadas de finales del siglo XIX de corresponsales del Gabinete Científico de Santa Cruz de Tenerife; y en La Palma se han encontrado algunos casos que parecen corresponder a momificación natural (aquella producida espontáneamente por las condiciones medioambientales del lugar de enterramiento y también por las del propio cadáver). Las momias antropogénicas canarias son las guanches de Tenerife y las de Gran Canaria … o, al menos, es lo que se pensaba hasta hace poco tiempo. Con respecto a estas últimas, en años recientes ha surgido un debate sobre la auténtica naturaleza de los cadáveres conservados de los antiguos canarii. Debido a la mejor conservación de los cuerpos (al menos de sus envolturas externas de pieles de animales) introducidos en cuevas frente a aquellos que fueron enterrados en túmulos, para algunos investigadores se trataría de auténticas momias antropogénicas, mientras que otros estudiosos sostienen que no se diferenciarían entre ellos más que por el distinto grado de conservación y que toda la población habría sido tratada de igual manera.

Independientemente de debates, lo cierto es que las momias guanches son las máximas representantes de la momificación en Canarias y en ellas se ha podico comprobar la existencia de signos inequívocos de su naturaleza antropogénica (hallazgo de sustancias absorbentes, materiales conservantes, productos antisépticos, incisiones subcutáneas, etc). Esto no quiere decir, ni mucho menos, que entre los guanches no existieran también momias naturales e incluso cuerpos conservados por «momificación natural intencionada» (aquella producida por las condiciones ambientales y ayudada en cierta medida por el hombre), pero las genuinas momias guanches son las de naturaleza antropogénica.

Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín

Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife

MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología

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