Crónicas de la Semana Santa lagunera (II). Por Carlos García

Si tomamos las referencias de Lope Antonio de la Guerra en sus Memorias, que comienzan en 1760, podemos conocer que en siglo XVIII se añadieron dos nuevas procesiones: la del Domingo de Ramos por la tarde con la Conversión de la Magdalena y desde la iglesia de los Remedios, y la del Martes Santo con la de Nuestra Señora de la Soledad, que habiendo salido por vez primera en 1748, se le añadió el paso del Señor de la Columna en 1756.
Según relata el mismo autor, el 2 de Mayo de 1777 se publicó una Real Cédula de S.M. y Sres. del Consejo, un bando público mandando lo siguiente:
1º No se permitan Disciplinantes, Empalados ni otros espectáculos semejantes que puedan servir de indevoción y desorden en las Procesiones de Semana Santa y otras.
2º Que no se consientan Procesiones de Noche, haciéndose las que fueran costumbre a tiempo de que estén finalizadas antes de ponerse el Sol.
3º Que no se toleren bailes en las Iglesias, sus Atrios y Cementerios, ni delante de las imágenes de los Santos…
No obstante también nos indica que… “En cuanto a empalados y disciplinantes ya estaban prohibidos desde que vino a ésta isla el año 1757 el Corregidor D. Martín de Roxas y Teruel.
También fueron prohibidas las procesiones que se realizan de noche, siendo el Reverendo Obispo D. Fray Valentín Morán, en 1751, el que lo hiciera.
En éste sentido, lo que cuenta Núñez de la Peña de que “una procesión sale el Jueves Santo por la noche desde la iglesia de los Remedios, del paso de la Cena de Jesucristo con sus doce Apóstoles, que es la mas lucida de todas, por ser de noche, y acompañándola mas de trescientas hachas, además de gran cantidad de belas de mano que llevan los clérigos”, fue mas tarde cambiada y se pasó a celebrar al mediodía.
De todas formas éstas prohibiciones desaparecen con los años, pues un viajero francés, Adolphe Coquet, realizaba un viaje al Archipiélago y escribía en su libro “Una excursión a las Islas Canarias” en 1884, un pasaje referido a la Semana Santa “Los hombres llevan trajes oscuros en señal de luto y las mujeres se envuelven en velos negros. Por la noche con antorchas, la procesión sale serpenteando las calles escarpadas, donde las antorchas brillas por encima de mi cabeza con estrellas moviéndose. Los miembros de las hermandades, con sus largos hábitos de seda roja, el alcalde, toda la población, llevan cirios y escoltan religiosamente a las santas imágenes.”
