LA VIRGEN DE CANDELARIA: PATRONA DE CANARIAS TODO COMENZÓ CON UNA MUJER (I)
D. Juan Artíles Sánchez
Vicario de la Diócesis de Canarias
Síntesis del pregón de las fiestas del Pino, año 2004
Lo intuyeron nuestros aborígenes canarios, no sabedores de ello tal vez. Desde su inconsciencia más profunda vislumbraron y proyectaron en figuras femeninas,- símbolos de maternidad y fertilidad,-presencias maternas en los orígenes mismos del despertar canario. Referentes de esto son entre otras las tres figuras femeninas prehistóricas: dos expuestas en el Museo Canario, y la otra, en la Cueva Pintada de Gáldar. El elemento femenino jugó un papel relevante en el culto aborigen, escribe Julio Sánchez . Y lo son también nuestros cenobios prehistóricos, por nombres tamoganteón, acorán, o casa de Dios, o lo que es lo mismo colegios regentados por las harimaguadas o mujeres canarias ancianas, educadoras de las hijas de los aborígenes de la clase noble hasta la edad de los treinta años para educarse y prepararse para el matrimonio. En cada una de las poblaciones importantes isleñas había uno de estos cenobios. Todos estos testimonios son nuestro protoevangelio mariano.
Todo comenzó con una mujer
Un día, una mujer, no nos consta la fecha precisa, allá por los años 1390-1400, en una cueva, que el día de hoy es parroquia, donde acostumbran los pastores guarecerse de las aguas y otras inclemencias del cielo y meter sus cabras, que era el ganado que en aquel tiempo había en aquellas islas, de lo cual hasta el día de hoy ha quedado mucha abundancia, yendo un día un pastor de ellas a meterlas en la dicha cueva, las cabras se espantaron de una gran claridad que vieron en lo interior de ella, y volvieron con gran furia a salirse a lo raso y claro, con tanto temor que no pararon en muy gran distancia. Pues como el pastor viendo esta novedad, entrase en la cueva para atender quién la había causado, y después de vista la claridad y el bulto, tomase una piedra y acometiese tirarla hacia allá, quedósele el brazo muerto y la piedra en el puño de él, que todo lo que le duró la vida estuvo cerrado en testimonio del milagro. Sabido esto por los moradores de las islas, la comenzaron a tener en muy grandísima veneración llamándola ” Madre del Sol”, la cual devoción ha quedado y está viva el día de hoy entre todos los naturales, a quienes los españoles llaman guanchas y la adoran tanto como al mismo Dios haciendo cada año el día de la Candelaria, gran fiesta, en la cual cantan y bailan y hacen otras muchas cosas de gran regocijo y fiestas, escribe Fray Joan González de Mendoza. Sus milagros son sin número, introducida la devoción en todo tiempo de los gentiles, y en el nuestro, informa Marín y Cubas. La aparecida fue María, la nueva Eva, la madre de los vivientes, también de los canarios, infieles todavía; y tomaba el apellido de Candelaria. Mucho antes, cuando todavía la Iglesia no estaba implantada en el Archipiélago, María fue elegida protectora y patrona de estas islas canarias por los mismos aborígenes con sus peregrinaciones al lugar de las apariciones en Tenerife desde todas las islas.
Así elegían los pueblos a sus patronos, no necesitaban de confirmación superior, bastaba la aclamación popular. Convertidos muchos a la fe en Cristo tomaron la antorcha de esta protección en sus manos: es de mucha devoción y concurso en todo el obispado sin que los reten la incomodidad que por mar y por tierra se padece para llegar a este santo lugar, en palabras del obispo García Jiménez; de lo que es conteste también Viera y Clavijo: y a un santuario y bien adornado templo de 3 naves, en donde vienen todas las islas a venerar a su Patrona general N. S. de la Candelaria.
Así se le proclamó, bajo esta advocación, como si de una bula popular se tratara, Patrona del Archipiélago Canario. Patronazgo confirmado, como todos sus coetáneos, in posterum eligendos, por la S.C.R. el 23 de marzo 1630. La Madre del Sol, como los guanches la llamaban, fue quien hizo que los canarios pasaran a ser navegantes de un mismo océano, tertulianos de un mismo idioma, hijos de un mismo Atlántico, peregrinos hacia un mismo santuario, admiradores de una misma “Mujer”; y en consecuencia de todo ello, inspiradores de un mismo folclore, forjadores de un mismo pueblo, al que llamamos con orgullo Pueblo Canario.
