ADIOS A LA SANIDAD PÚBLICA. RAZONES DE UNA DESPEDIDA (I)

Dr. Carlos García. Médico. 
Intersindical Canaria
         

 

Cuarenta y un años de profesión médica  hospitalaria. Muchas cosas han cambiado desde entonces y se han modificado en los últimos años,  especialmente en las formas, las ilusiones que muchos pusimos en un trabajo lleno de posibilidades y expectativas.

Fue en Diciembre de 1972 cuando comencé a trabajar en el Hospital General y Clínico de Tenerife de la mano del Dr. José García Santos, mi primer maestro en Cirugía, al que debo mucho de mi formación. Comencé en el Servicio de Cirugía General junto a muchos de los compañeros que aún perduran en activo, eso sí, no a nivel hospitalario por las jubilaciones forzosas aplicadas.

Pasé al Servicio de Traumatología y Ortopedia tras finalizar el primer año de Residente. Allí me formé con médicos especialistas como José Francisco Delgado Espinosa, otro de mis maestros en la especialidad, al lado de Julio Vega y de Ángel Merino. En 1975 logré plaza de Médico Adjunto en Traumatología y Ortopedia y de Profesor No Numerario de la Facultad de Medicina  y pasé a estar bajo la tutela, primero del Jefe de Servicio Dr. Rodríguez Maffiote y luego, hasta la fecha, del Dr. Guillermo de la Barreda, con quién he estado aprendiendo y trabajando hasta el día de  hoy. A todos ellos y al resto de los compañeros mi gratitud y reconocimiento.

 

El tiempo ha demostrado que desde la dirección actual del centro no se ha querido o sabido valorar ni reconocer lo realizado por tantos profesionales que han desarrollado su vida laboral en el contexto sanitario público. De poco les parece el entusiasmo, la creatividad, la alta productividad obtenida, el  nulo absentismo laboral  de nuestro trabajo diario, las enseñanzas a los profesionales de nuestro entorno, residentes, enfermeras y auxiliares, que adolecían de cualificación especializada y que se han formado a lo largo del tiempo, la calidad asistencial obtenida, que incluso ha sido ponderada fuera de nuestra propia casa. Y, además, siempre han intentado decapitar la defensa   de trabajadores y de usuarios que se ha desarrollado.

No ha habido reconocimiento alguno. Porque no hay motivación a los trabajadores. Existe una escasa comunicación empresarial, sin diálogo, sin relaciones humanas fluidas y abiertas. Existe una falta de definición en las metas que se desean obtener, sin programas de gestión ni formación al trabajador. Falla la planificación, la organización y la motivación del empleado.

Y todo esto se agrava con la aparición de  gerentes y directores que en nada son sensibles a la situación  del centro. La intolerancia y el despotismo hacen su aparición con situaciones tensas  inimaginables desde  hace ya mucho tiempo.
La política economicista dura y pura llega a instaurarse en nuestro ambiente laboral. Lo demás no interesa o pasa a un segundo plano. La doctrina política dominante se impone con vulneración de los planteamientos científicos y profesionales en aras de las ganancias privadas, personales o corporativas. La precariedad laboral, la inseguridad de los puestos de trabajo, la insuficiente remuneración económica, las amenazas, los despidos, la intolerancia, la persecución, son factores que encontramos diariamente entre los trabajadores. Y si no, que se lo pregunten a los empleados del centro, que se haga un referéndum de satisfacción laboral, que puedan hablar y expresarse los empleados con libertad y sin temor alguno.

Todo esto conlleva un alto grado de frustración entre los trabajadores, desemboca en la apatía, en la desgana del trabajo diario, apareciendo entonces la baja productividad, la ineficacia, la irritabilidad, los sentimientos de enojo que se palpan en el ambiente actual y que, al final, sufren los pacientes.
Se dice que el nivel de estrés de una empresa es la suma total de los niveles de estrés de sus empleados. Y ésta empresa está muy estresada. Creo que el Hospital Universitario de Canarias no se merece esto. Porque este hospital lo sentimos muy adentro de nosotros, los tinerfeños, tras sus años de existencia y nos lo han arrebatado.

Y luego, por lo general, a quienes discrepamos de las actuales formas de gestión y dirección,   por el hecho de no rendirnos a los dictados impuestos, se nos señala y criminaliza quedando sentenciados con intentos de difamación en aspectos profesionales y laborales que atañen a nuestra propia profesionalidad, formación y ética personal. Y, sorprendentemente, realizada por directivos de un hospital público entre los que se encuentran quienes tienen relaciones con empresas sanitarias privadas, en una clara incompatibilidad denunciada ante la Gerencia que ha hecho caso omiso de esta flagrante y anómala situación. Dirigen un centro público para potenciar y utilizar sus cargos engrandeciendo sus empresas privadas o por lo menos simultaneándolas de forma ilegal. Hechos que han sido denunciados y a los que hacen caso omiso.

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