Ventas, bodegas, tabernas y dulcerías del entorno de la plaza del Cristo de La Laguna: Casa Antonino y su relación con acontecimientos historicos (I). Por Julio Torres

Desde la ventana de Antonino se era testigo de cuanto sucedia en la plaza:

El diario republicano «El Progreso» los despidió con un largo texto, del que cabe destacar lo siguiente: «Acordaos siempre que sois descendientes de aquellos artilleros que encendieron un día la mecha del cañón que le arrancó el brazo a Nelson. Colocaos junto a las cureñas de los cañones de vuestra batería, levantad la frente, que os la bese la luz de los cielos de nuestra tierra, apercibid las armas, clavad los ojos en la bendita enseña de la patria y marchad, a los campos marroquíes, a paso de victoria».

La batería de Montaña marchó en septiembre de 1921 a Larache en el vapor «Capitán Segarra», pero antes se despidió en emotivo acto del Cristo de La Laguna lo cual refleja en su libro sobre la referida y venerada imagen Buenaventura Bonnet: «La sagrada efigie salió a la plaza para despedir a nuestros soldados ya formados. Momento solemne y conmovedor el de aquella madrugada inolvidable, en que a todos pareció que el Cristo los bendecía y tomaba bajo su amparo, como en las viejas leyendas. Partieron los soldados, lucharon en tierras africanas por el honor y la gloria de España en diecisiete combates, todos regresaron salvos; ni uno siquiera faltó cuando, en otra mañana de paz y de fe, se presentaron victoriosos ante la imagen del Crucificado».

Para situar el nacimiento de la casa de comidas de Antonino tenemos que trasladarnos a los años inmediatamente anteriores a 1920, a la Plaza del Cristo de La Laguna. Allí, en una de sus esquinas, junto a la pista militar y frente a los arcos y al cuartel, abrió sus puertas un establecimiento que con el tiempo acabaría formando parte de la memoria cotidiana de aquel lugar.

Antonino se llamaba en realidad Antonio López. Había nacido aproximadamente hacia 1880 y, como tantos canarios de su generación, emigró a Cuba en busca de mejores oportunidades. La experiencia americana no debió de irle mal. Después de algunos años regresó a Tenerife con los ahorros que había conseguido reunir y empleó aquel dinero en poner en marcha su propia casa de comidas.

No conocemos todavía con exactitud el año de su apertura, pero debió de producirse antes de 1920 o en torno a 1919-1920. Sabemos, al menos por la memoria transmitida por la familia, que el negocio estaba plenamente establecido en 1921.

Su ubicación era especialmente favorable. Estaba prácticamente pegado al cuartel del Cristo y, por tanto, buena parte de su clientela estaba formada por militares. En aquellos primeros años, además de comidas y otros productos, uno de los artículos que más se vendía era el tabaco. Se fumaba mucho y la presencia constante de soldados hacía que las existencias de tabaco tuvieran una salida considerable.

Precisamente con aquellos soldados está relacionado uno de los recuerdos familiares más significativos de Antonino. El 14 de septiembre de 1921, cuando la batería de campaña de montaña acuartelada en el Cristo partió hacia la guerra del Rif, Antonino quiso tener un gesto con aquellos hombres a los que conocía bien. Muchos eran laguneros y otros procedían de distintos lugares de la isla, pero, sobre todo, eran clientes habituales de su establecimiento y, en muchos casos, habían terminado convirtiéndose en amigos.

Según contaban sus familiares, aquel día Antonino cogió un saco y comenzó a vaciar en él el tabaco que tenía colocado en las estanterías de la casa de comidas. Llenó el saco y lo entregó para que fuera cargado en uno de los carros que transportaban el avituallamiento de los soldados que marchaban a la campaña de África.

El episodio muestra hasta qué punto la casa de comidas estaba ligada a la vida del cuartel y a los hombres que pasaban por él. Antonino no contemplaba la partida de unos soldados anónimos: veía marcharse a personas que entraban habitualmente en su establecimiento, con las que trataba todos los días y con las que había establecido una relación personal.

Tiempo después tuvo también la satisfacción de presenciar su regreso. Aquellos hombres habían intervenido en distintos combates y volvieron todos, según quedó en el recuerdo familiar, sanos y salvos. Su llegada a La Laguna fue motivo de una enorme alegría para Antonino. Regresaban los soldados del cuartel, pero regresaban también sus clientes, sus conocidos y sus amigos.

De esta manera, la historia de la casa de comidas de Antonino queda unida desde sus primeros años a la propia historia del Cristo y de su cuartel. Nacida probablemente hacia 1919 o 1920 gracias a los ahorros de un emigrante retornado de Cuba, aquella pequeña casa de comidas fue también un lugar de encuentro entre la población lagunera y los militares que durante aquellos años formaban parte inseparable de la vida cotidiana de la plaza.

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