La Laguna Ahora por España de fiesta en fiesta: El Cipotegato en Tarazona, Zaragoza (y II)

El Cipotegato abre las Fiestas Patronales de Tarazona en honor a San Atilano, que se celebran del 27 de agosto al 1 de septiembre, siendo el día de Fiesta Mayor el 28, conmemorándose el traslado de las reliquias del Santo a nuestra Ciudad, acontecimiento que tuvo lugar en el año 1644

Hasta entonces, la Fiesta Mayor de la Ciudad se centraba en el Día del Corpus Christie, festividad de gran solemnidad religiosa, exteriorizada por una ceremoniosa liturgia, el gran boato de la Procesión y abundantes festejos populares. A partir de entonces (1644), la fecha y motivo de la Fiesta Mayor cambia, no sólo por la importancia de la posesión de una reliquia del Santo Patrón, sino también por avenirse mejor al calendario de las labores agrícolas, ya que el Corpus coincide con la época de cosecha, y a finales de agosto las faenas del campo no son tan imperiosas.

Al variar la fecha de la Fiesta Mayor, probablemente, y a través del tiempo, variaron también algunos de los elementos que le eran propios, por ejemplo, el personaje llamado El Cipotegato.

Se constata su participación, acompañando a la Corporación Municipal, en la Procesión de la Reliquia del San Atilano, el día 28 de agosto, al igual que se celebra hoy, con los mismos componentes, y con la asistencia de los miembros del Consistorio, presididos por el alcalde, y precedidos por la figura colorista y distinguida del personaje.

La pervivencia de su figura a lo largo de estos siglos parece que es debida a su vinculación con el Dance o Paloteao de Tarazona, manifestación popular perdida ya en los años treinta de este siglo, como demuestra el artículo del periódico turiasonense El Norte, del 29 de agosto de 1930.

LA TRANFORMACIÓN DEL CIPOTEGATO

No obstante, también durante el S. XX su papel se va transformando: Hasta el año 1942, persigue a los chiquillos para despejar el camino de la Corporación o la Procesión, con un carácter similar a las comparsas de Gigantes y Cabezudos, personajes a los que acompaña. A partir de esa fecha, y tras una interrupción provocada por la Guerra Civil, pasa a ser el perseguido por los niños, quienes, al verle salir del Ayuntamiento, le arrojaban los restos de las verduras que habían quedado en la Plaza de España, lugar donde se instalaba el mercado al aire libre por aquel entonces.

Vemos que este personaje, pasa de ser una máscara fruto de diversión a ser incluso atemorizante, y finalmente víctima a quien el pueblo castiga y humilla, o a otros a través de ella. Por ejemplo, en 1974, aunque los tomates iban dirigidos contra la Corporación Municipal y tuvieron un marcado carácter político, quien los recibió en su nombre fue el Cipotegato.

De aquellos restos de verduras, a los actuales tomates, y de aquella diversión infantil, a la consideración de ese acto como el más representativo de la Ciudad de Tarazona, con el que toda la población se identifica sólo han pasado 50 años, al igual que de la consideración de encarnar el Cipotegato como algo humillante y vejatorio, se ha pasado en los últimos años, a ser considerado un honor para la persona que lo ejercita, presentándose cada año más de 150 candidatos al sorteo que el Ayuntamiento realiza para elegir a la persona que lo encarnará, quien, al acabar su hazaña, contará con la admiración y reconocimiento de todos los turiasonenses.

Es durante este siglo, cuando la figura del Cipotegato ha venido adquiriendo más y más importancia como acto iniciador de las Fiestas Generales de la Ciudad, pasando de ser una atracción infantil, a constituir un acto multitudinario, dirigido, asumido, compartido y protagonizado por toda la ciudadanía y todos los visitantes que acuden y se sienten una parte más de la fiesta. Es esta participación popular cada vez más numerosa y constituida por gentes de todas las edades, la que ha hecho del Cipotegato, el acto más característico y de mayor renombre de las Fiestas turiasonenses.

El Cipotegato es una fiesta viva y cambiante, que ha asumido, y aún lo hará, los cambios en su función y sentido que a su alrededor se produzcan, para integrarse perfectamente en el entorno social y festivo, manifestando el sentir de los turiasonenses.

UNA FIESTA DE TODOS

El Cipotegato de Tarazona se puede considerar como una pervivencia de los festejos que, organizados y reglamentados por las autoridades eclesiásticas en la Edad Moderna (s. XVI – XVIII), arrancan sin duda de antiguas tradiciones populares de la Edad Media, a pesar de que su origen es difícil de precisar. Este pasado configura una celebración de hondas y cultas raíces, a diferencia de otras manifestaciones similares (la “Tomatina” de Buñol en Valencia).

Sin embargo, este entronque con la historia local que, aunque oscuro, es perceptible en todo momento, contribuye a dotar a esta manifestación popular de una razón de ser vinculada con la tradición y la historia, constituyendo un atractivo cultural tan digno y atrayente como las manifestaciones populares más ensalzadas y admiradas de nuestra Comunidad Autónoma.

Podemos decir con todo esto que el Cipotegato es una festividad local en la que tanto visitantes como ciudadanos de la ciudad son participantes. La figura del visitante no se limita tan solo a mirar desde fuera, sino todo lo contrario. Tiene un carácter muy participativo que sin duda no deja indiferente a nadie.

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