LA ROMERÍA DE SAN BENITO DEBE DE RECUPERAR LA PRESENCIA DEL CAMELLO (I)

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DEL CAMELLO EN CANARIAS: SU USO EN EL TRANSPORTE DE MERCANCÍAS Y VIAJEROS

Los camellos han sido, junto a bueyes y mulos, animales tradicionalmente ligados a las labores del campo y al trasiego de viajeros; labores para las que los dos primeros  se han mostrado especialmente idóneos, quizá por el carácter sumiso, dócil y paciente connatural a ambos.

Pero el camello aventaja a bueyes y mulos en la sobriedad de su alimentación -hojas de tuneras- y en su resistencia a la sequía.  En contrapartida, su escasa estabilidad hace que resulte arriesgado usarlo en caminos de montaña y su capacidad de tiro es relativamente pe¬queña: sirve para arar terrenos secos, de tierras sueltas, pero en las gavias (parcelas inundadas artificialmente por agua de lluvia) se hace sentir la necesidad del tiro más potente de la yunta vacuna.

La vinculación del camello al tránsito de los más diversos productos agrícolas y ganaderos, así como al desplazamiento de nativos y foráneos, explica e hizo indispensable su presencia en las romerías. Sin embargo, mientras en la actualidad resulta impensable una romería sin bueyes, los camellos han desaparecido, tal como si se esfumasen con el transcurrir del tiempo. Quisiéramos que con tan útil animal en otros tiempos no sucediese lo mismo que con el mulo, al que hemos recompensado su esforzado trabajo relegándolo al más ingrato de los olvidos. Por esto y por el deseo de que los camellos retornen a nuestras romerías, estas páginas, que tratan de recordar o, en su caso, dar a conocer, diversos aspectos relacionados con este animal, cuyo peculiar aspecto nuestros hijos sólo relacionan con las visitas turísticas.

 

Los Camellos  presentes desde la primera romería.

 

En sesenta y dos años, la romería ha dispuesto de numerosos colaboradores, pero, sólo unos pocos merecen el apelativo de “fundadores”. Así, Pastor Hernández Arrón unos año antes de morir contó, para el periódico “El Lagunero”  fundado y dirigido por Julio Torres (nº 3, junio de 1994) que en 1946: “el recorrido de la comitiva prosecional de San Benito,  bajaba por Lucas Vega, cogía por el callejón de Andrés Rosas (Montaraz), de mi tío Andrés (por aquél entonces, mayordomo de la ermita de San Benito), seguía por la calle Maya, cruzaba la Calle Las Carretas, bajaba la calle del Adelantado, cruzaba la calle hoy conocida por Hermanos Marrero y subía por la de Marqués de Celada hasta la ermita. Después de la Guerra Civil se mantuvo así unos años, hasta que en 1946 un conocido vecino, Ángel Álvarez, nos comentó que en La Orotava se hacía la romería con otro estilo, no sólo los barcos y danzas, sino que también tenían un sistema para enramar las carretas. Nos reunimos todos, mi hermano Antonio, mi hermano Esteban, José Cañizares y Manuel “el de los rosquetes” y fuimos con Ángel hasta La Orotava. Nos encantó, porque veíamos la comitiva desde abajo, como si fuera un escenario, debido a las pendientes de la Villa. Ángel dijo que no se atrevía, que le daba miedo por el dinero que se iba a necesitar. Mi hermano Antonio recordó que en la zona de Marqués de Celada, Juan, un vecino de San Benito, tenía un salón muy conocido y que nos lo podía prestar para hacer bailes. De esta forma sacamos dinero para los bueyeros, los cohetes… siempre faltaba algo de dinero, pero ya había un punto de apoyo. Ángel dijo que si faltaba dinero y lo ponía mi padre u otras personas, pues que él se arriesgaba y entraba en la organización de la romería (…) Como era tradicional, a esas primeras romerías acudieron yuntas de todas las cuadras de la zona: de mi tío Ignacio, de don Virgilio, de la cuadra de mi padre, también algunos camellos cargados de cardos que trabajaban en la zona de La Laguna.”.

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